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Revista Nº 19
TEMAS
 
Campo Competencial de la Abogacía
Por Nielson Sánchez S,
Abogado
Corresponsal de la Revista, en España

Existe una definición de nuestra profesión que no me canso en divulgar. Una sentencia de 10 de noviembre de 1990 del Tribunal Supremo del Reino de España declara: "Abogado es aquella persona que en posesión del título de Licenciado en Derecho, previa pasantía o sin ella, previo curso en Escuela de Práctica Jurídica o sin él, se incorpora a un Colegio de Abogados y, en despacho, propio o compartido, efectúa los actos propios de esa profesión tales como consultas, consejos y asesoramientos, arbitrajes de equidad o de derecho, conciliaciones, acuerdos y transacciones, elaboración de dictámenes, redacción de contratos y otros actos jurídicos en documentos privados, prácticas de particiones de bienes, ejercicio de acciones de toda índole ante las diferentes ramas jurisdiccionales y, en general, defensa de intereses ajenos, judicial o extrajudicialmente, hallándose sus funciones y régimen interno, regulados por el Estatuto de la Abogacía, aprobado mediante Real Decreto de 24 de julio de 1982, el cual define a la Abogacía como "una profesión libre e independiente e institución consagrada en orden a la justicia, al consejo, a la concordia y a la defensa de derechos e intereses públicos y privados, mediante la aplicación de la ciencia y técnicas jurídicas, a ésta reservada a los Abogados -Artículo 8- a quienes corresponde de forma exclusiva y excluyente la protección de todos los intereses que sean susceptibles de defensa jurídica, determinando que, son Abogados, quienes incorporados a un Colegio en calidad de ejercientes, se dedican con despacho profesional a la defensa de intereses jurídicos ajenos".

Siempre he sostenido que esta definición de Abogado, por lo completa, es extraordinariamente útil y debería pasar a formar parte de un texto legislativo. Estoy a cargo de la elaboración de los estatutos de nuestro Colegio de Abogados y pretendo incorporarla.

Cuando empecé a ejercer, el Abogado se dedicaba exclusivamente al pleito -y generalmente civil o penal- y ya está. Si uno iba a verlo y le comentaba que se iba a comprar una casa, el hombre esperaba que siguiera el discurso para saber dónde estaba el problema. No se le ocurría que alguien viniese a verle para que se le aconsejase cuál era el mejor sistema para comprar la casa o para que estudiase los títulos de propiedad o para que le informase sobre las condiciones urbanísticas de la parcela en la que estaba enclavada, ni siquiera para que le redactase un contrato. El Abogado entendía que el contrato lo había redactado a lo mejor el propio cliente o el agente que había intermediado en la operación o algún amigo; que los títulos los revisaría el notario que formalizaría la escritura y que el aspecto urbanístico del terreno en el que se encontraba enclavada la casa, en todo caso, sería asunto del arquitecto del cliente. Y que para la situación tributaria el comprador hablaría con su asesor fiscal, un economista, generalmente. El Abogado estaba para el pleito, para conseguir que se hiciese cumplir o resolver, anular, el contrato ya pactado y firmado pero no para redactarlo; para interponer querella criminal contra el vendedor que había vendido como libre la finca que estaba gravada, pero no para estudiar previamente las inscripciones del Registro de la Propiedad; para iniciar un proceso judicial para definir o rectificar los linderos de la finca, pero no para llegar hasta ella previamente y comprobarlos en el terreno. En fin, la abogacía era exclusivamente curativa.

Hoy y desde hace algún tiempo, se habla en España, y cada vez con más frecuencia, de Abogacía Preventiva. Desde la frase que tuvo gran éxito en la publicidad institucional: "Evite desde hoy un problema para mañana: acuda al Abogado", hasta exhortaciones más completas tales como: "Se suele pensar en el Abogado cuando se genera el problema, cuando el único remedio es acudir a los Tribunales de Justicia. Siendo en realidad la función primordial del abogado, evitar precisamente que se genere el problema. Un buen asesoramiento del abogado antes de obrar, antes de contratar, en el curso de posibilidad de verificar todas sus vertientes en función de las diversas disciplinas jurídicas, constituye una sana actuación preventiva y cautelar, susceptible de evitar el estrépito (sic)judicial, costes y tensiones. Si acude a su abogado antes, preventivamente, no lo dude, ahorrará tiempo y dinero".

Hoy, el ejercicio profesional no es sólo la defensa -civil o penal-, es fundamentalmente el asesoramiento en múltiples materias. El Consejo General de la Abogacía- entidad que coordina los Colegios de Abogados- ha hecho una relación a título enunciativo de las principales actividades preferentes -que no especialidades- de la abogacía. Merece la pena recordarla: Derecho Administrativo General, Derecho Civil, Derecho Comunitario, Derecho Constitucional y Derechos Humanos, Derecho Fiscal y Tributario, Derecho Inmobiliario y Registral, Propiedad Horizontal y Arrendamientos, Derecho Laboral y de la Seguridad Social, Derecho Marítimo y/o Aeronáutico del Transporte, Derecho Matrimonial y de Familia, Derecho Ambiental, Derecho Mercantil y de la Empresa o Societario, Derecho Penal (¡al fin!), Derecho del Seguro y de la Circulación y Derecho Urbanístico. ¿No es verdad que parece el programa de la carrera? Bueno, pues, hace unas semanas clausuré en nuestro Colegio las III Jornadas sobre Derecho Turístico, dedicación que no figura en la lista anterior y a pesar de lo cual asistieron casi cien personas.
Está claro que los abogados nos vamos adaptando a los tiempos. Con todo, nos queda mucho camino por andar. Si bien en el campo de la defensa tenemos un coto regularmente cerrado, en el del asesoramiento competimos con desventaja con otros profesionales.
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