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Revista Nº 19
TEMAS
 
Tendencias en el Ejercicio de la Jurisdicción Extraterritorial en el
Derecho Internacional
Por Ximena Fuentes T.
Abogada
Profesora de Derecho Internacional Universidad de Talca y Universidad de Chile

Con más de cinco años en la dirección de la Academia Judicial, y confirmada en 1999 para cuatro años más, en esta entrevista Leonor Etcheberry (casada, tres hijos) hace una evaluación de los logros que ha obtenido la entidad desde que fuera fundada en 1995 y de los desafíos que aún quedan por alcanzar. Su experiencia y las actividades académicas que ha realizado le han permitido adquirir una percepción muy realista de cómo funciona el Poder Judicial, más allá de las tareas que a cada uno de sus miembros asigna la ley.

En un primer momento, la Academia Judicial se encontró con una comprensible resistencia. Pero hoy ya cuenta con el reconocimiento del Poder Judicial como una institución válida para su capacitación, así como también con el de los profesionales que son llamados a colaborar con la Academia. Tiene una planta administrativa de solamente 16 personas y, en vez de contar con un cuerpo académico estable, en cada período llama a concurso para dictar los diferentes cursos que imparte. Sólo 200 postulantes se presentaron el primer año para dictar los cursos de perfeccionamiento y de habilitación para ministros; hoy día postulan cerca de 800 profesionales.

La Reforma Procesal Penal, que comenzará a regir a fines de este año, le ha significado a la Academia Judicial un importante desafío, el que consistirá, en parte, en formar a los 640 jueces que necesitará el nuevo sistema.

¿ Cuáles son los cursos que imparte la Academia Judicial?
-Tenemos los programas de formación, con 24 alumnos cada curso; en este momento, están funcionando tres programas. Para dar estos cursos, contratamos a los profesionales que nos parezca que hayan desarrollado mejor cada área, para que lleven a cabo los diferentes seminarios o talleres para los alumnos.

También ofrecemos los programas de perfeccionamiento. Llamamos a concurso público y los profesores se presentan, ya sea en conjunto, por universidades, en forma libre, por asociaciones de magistrados, etc. Un jurado decide a quién se le asigna el curso. El Consejo de la Academia designa a los jurados, que son alrededor de doce, para decidir los más variados temas. También contamos con un curso que no es jurídico, sino de crecimiento personal y control de estrés.

¿ En qué consisten los cursos de formación?
-Duran siete meses. Los alumnos pasan los dos primeros meses en la Academia (con seminarios y talleres), luego van al primer bloque de pasantía, a tribunales, y después vuelven una semana aquí, donde hacen un taller de razonamiento judicial. Posteriormente regresan a las pasantías por cinco semanas. Luego, en la Academia participan en diferentes seminarios, como menores y laboral. Más tarde, van a pasantías especiales durante tres semanas, en tribunales de menores, laborales y de competencia común. Una vez de vuelta en la Academia, ven todo lo que es la Reforma Penal, por cuatro semanas, más otra que está dedicada a la ética y a la evaluación del programa en general.

Todos los alumnos que asisten a estos cursos tienen dedicación exclusiva; por ello, se les paga una beca. Sólo los que pertenecen al Poder Judicial pueden optar entre la beca o seguir manteniendo el sueldo que reciben. A la gente de provincia, se le da un aumento de beca para que puedan arrendar un lugar donde vivir. El curso mismo es gratis.

¿ Hay interés de los abogados por dictar los cursos?
- Sí. El primer año tuvimos alrededor de 200 postulantes a impartir cursos de perfeccionamiento y hoy tenemos 800 postulaciones. Les gusta interactuar con los miembros del Poder Judicial. En el programa de perfeccionamiento y de habilitación para ministros, yo diría que el 90% acepta dictar el curso. El porcentaje restante no lo hace por razones de oportunidad y nos pide que los consideremos en otra ocasión.

Los ministros son los que van con mejor disposición a los cursos. Hay cursos a los que van, juntos, jueces y ministros.
Requisitos

¿Cuáles son los requisitos para ingresar a la Academia Judicial?
- El postulante debe presentar las notas obtenidas en la universidad y en el examen de grado. Se hace una preselección de ochenta personas, las que pasan a un examen sicológico, que es bastante exigente, y después dan un examen de conocimientos, que nosotros llamamos de criterio jurídico. Les presentamos cuatro casos diversos, civiles y penales. Ellos pueden consultar sus Códigos y la Constitución, para resolver estos casos. Con las notas del examen y las del test sicológico, vamos llamando a entrevista personal, desde el mejor hasta que tengamos copados los 24 puestos, dejando unos cuatro en lista de espera, por si alguno renuncia. Esto se realiza tres veces al año y, con la Reforma Penal, se hará unas seis. No somos partidarios de masificar los cursos; se perdería todo aquello en que nosotros tratamos de diferenciarnos de lo que ofrece la universidad, donde en general se aprendió memorizando, pero pocos hicieron trabajos o meditaron sobre algún caso.
Para entrar al escalafón primario del Poder Judicial es necesario pasar por la Academia. La única forma de que no se pase por ella, es que se llame a concurso en un lugar X y que no se presente nadie que haya egresado de la Academia y, en ese caso, el tribunal o la Corte tiene que llamar de nuevo a concurso y nos piden que tomemos un examen; esas notas las remitimos a la Corte. En general, esas personas son las que no han quedado en el programa de formación.

¿ Cuáles han sido los principales logros de la Academia?
- Que los miembros del Poder Judicial reconozcan que la Academia es una institución válida para su capacitación. A pesar de la resistencia que hubo en un primer momento en alguna gente, se dieron cuenta que la Academia era algo que iba a funcionar para beneficio de ellos. Hoy en día el 90% de los concurrentes va contento a los cursos, quedan satisfechos con ellos, principalmente por lo que aprenden, pero además porque pudieron intercambiar con sus pares la forma en que hicieron las cosas. Esto ocurre tanto a nivel de ministros, como de jueces y empleados judiciales.

Otro logro ha sido constatar que los abogados que trabajan en tribunales señalan que en todos aquellos tribunales en los que se ha incorporado personas egresadas de la Academia, se nota una diferencia favorable.

En cuanto al perfeccionamiento, hicimos un estudio en dos Regiones del país, la Octava y la Cuarta, y nos dimos cuenta que el programa de perfeccionamiento tiene un gran impacto a nivel personal. Notamos que la gente estaba muy satisfecha, sentía que había aprendido mucho, pero que todavía faltaba un poco para que eso se tradujera en un cambio en el tribunal, en parte por el apego a la forma de hacer las cosas, algo que es bastante difícil de superar. Eso causa una frustración en la gente subalterna que va al curso; sabe que muchas cosas que aprendió podrían servir en su tribunal, pero se topan con esto.
Para poder armonizar a jueces, secretarios y subalternos, estamos haciendo un trabajo en equipo. Se hace en el mismo tribunal, con el juez y el secretario. Muchos tribunales llaman para hacerlo. Se conversa con el juez para ver qué problemas detecta en su tribunal; también con los subalternos, para ver si hay buena relación con el juez. Este año hemos implementado un plan piloto que es obligatorio por lo menos para dos o tres juzgados de cada jurisdicción de Corte. Vamos a analizar los resultados y trataremos de llegar a la mayor cantidad de juzgados posible.

¿ Cómo lograr enseñar destrezas a la persona indicada y no a un juez que nunca las va a aplicar, pues lo hará "la señorita Julia, al final del pasillo"?
-Veamos un caso. Nosotros partimos con la Ley de Drogas nada más que para el escalafón primario, porque nos dimos cuenta que los sumarios los llevaba "don Juan" o "la señorita Julia, al final del pasillo", aquella persona que, incluso, podía dictar una resolución que el juez, si estaba muy ocupado y no se daba cuenta, podía aceptar.

El Consejo de la Academia se puso de acuerdo en que, primero, había que capacitar a la gente para realizar las tareas que la ley le asigna. Con el tiempo, es cierto, se constata que existen estas personas en los tribunales (la señorita Julia o don Juan). Hemos hecho que temas de violencia, que al principio se dieron sólo para los jueces, se den también para funcionarios, al igual que la Ley de Drogas. El curso cubre todo lo que los funcionarios, de alguna forma, deban conocer, en qué varían las circunstancias y en qué se tienen que fijar. No es un curso tan profundizado como el que se da para los jueces, pero se llenan los vacíos que hemos detectado en los temas que ellos manejan. Esa delegación de funciones, que existe en la práctica, nos ha llevado a preparar mejor a los funcionarios para que se cometan menos errores.

Problema de confianza
¿Cómo se ha preparado la Academia para la Reforma Judicial que viene?
-Este aspecto yo lo separaría en dos partes: la capacitación que requieren los jueces actuales y la cantidad de jueces que vamos a necesitar en el futuro. En cuanto a la capacitación de los jueces actuales, ya tenemos aprobado el programa mismo que se va a efectuar.

De hecho, ya hicimos los programas habilitantes del escalafón primario. Se habilitó a 225 futuros jueces que venían de distintas partes de ese escalafón. En estos momentos, hay un problema de confianza por parte del juez, que duda si el fiscal va a investigar tan bien como él lo hacía. Queremos que se queden en su labor de juez de garantía, de jueces orales.

Una cosa es poder capacitar a los jueces, pero otra es vencer su resistencia mental a pensar que él lo ha hecho bien y que ahora no va a tener contacto ni siquiera con la policía, sino con dos personas que van a presentar un caso. Este proceso va a estar dirigido por monitores que verán, por ejemplo, qué materias van a tener que resolver los jueces inmediatamente, cosa que por lo general no hacen; ahora tendrán que hacerlo en forma oral. Tenemos que tratar que ellos aprendan esa técnica. Después de las 80 horas que dura el curso, se supone que van a quedar capacitados. Tendremos un seguimiento de a lo menos los primeros siete meses, para llevarlos después a un curso práctico de cuarenta horas más. Veremos aquellas cosas en las que la capacitación no bastó o se entendió mal o que en la práctica se está aplicando en otra forma. La idea es rectificar después.

Es decir, la Reforma Procesal Penal le va a dar un gran trabajo a la Academia...
-Sí, pero pedimos sólo una persona más en nuestro plantel permanente de 16 funcionarios. El año pasado lo rechazaron, espero que ahora lo acepten. La planta administrativa es chica. El Consejo de la Academia quiere que por lo menos un miembro de la Academia vaya a visitar cada curso, donde sea que se dé. Entre todos hacemos el trabajo del que viaja.
Tenemos que tomar examen a todos los funcionarios de los tribunales suprimidos, que hasta el momento son pocos, pero eso significa seleccionar material de estudio y hacer el examen mismo, para ver si pueden pasar o no al sistema nuevo, oral. Los dos primeros años de la Reforma serán más fáciles, pero cuando lleguemos a la Región Metropolitana, habrá que tomar alrededor de 800 exámenes. Además, debemos tomar examen de conocimiento a todos quienes quieran ingresar y no sean del Poder Judicial. Actualmente, existen 365 jueces a nivel nacional, más los ministros de Corte. Con la Reforma, necesitaremos 640 jueces nuevos, suponiendo que todos los jueces del crimen quieran pasar, al igual que los secretarios, al nuevo sistema.

¿ Cuál es el presupuesto de la Academia para este año?
- 1.200 millones de pesos. Es un presupuesto bueno; no nos podemos quejar, no lo han recortado. Para el 2001 estamos pidiendo un aumento de 74%. Dos programas de formación, que cuestan 150 millones, pasarán a ser seis. Un 80% del presupuesto se destina a cursos. Actualmente, se está dando el curso de formación número 11. En cuanto a los cursos de perfeccionamiento, cada año hemos impartido en promedio 210, los cuales duran entre 18 y 40 horas cada uno.
Ahora que se cuestiona la ética de los jueces, ¿cómo enfrenta la Academia este tema?

-En el programa de formación, la Academia trata de que el tema ético sea una cuestión incorporada a todos los seminarios, talleres y pasantías. Aparte de eso, se cierra el ciclo de estudio, después de siete meses, con el taller de ética judicial. En él, los alumnos se enfrentan a distintos casos y van discutiendo y analizando el comportamiento de los jueces. Pero, más que nada, se enfrentan a casos prácticos que podrían ocurrir mañana en su tribunal, casos que éticamente no son buenos, pero que, humanamente, son comprensibles y a ellos les van a causar problemas. La idea es que se enfrenten a esos casos, que los discutan con sus compañeros y lleguen a algún tipo de solución.

En el programa de perfeccionamiento, tenemos siempre ética judicial como curso obligado para todo el escalafón primario y para los funcionarios del Poder Judicial en general. Es un curso que nunca se ha sacado desde que se hizo este programa.
Hay cosas que no van a cambiar aunque se den diez cursos de estas materias. Se trata de que, con el sistema de selección que tenemos y la cantidad de exámenes sicológicos que tomamos, se puedan detectar -y se han detectado- ciertos indicios que el sicólogo pudiera considerar indicadores de que un postulante refleja un problema ético o que tiene cierto conflicto al enfrentar determinadas situaciones. Esto se hace en la preselección; si el postulante se presenta con mala nota, no va a quedar aceptado en la Academia.

Desafíos
¿Cuáles son los desafíos que tiene la Academia por delante?
-Varios. Primero que nada, lograr que la Reforma no fracase a causa de una deficiente capacitación de los jueces. Otro es tratar de llegar más a la judicatura de menores. Encontramos que sigue con parámetros antiguos y quisiéramos incorporarle todas las convenciones internacionales de los derechos del niño y apoyarla mucho con cursos que vieran la parte sicológica del menor; poder acostrumbrarla al sistema del interés superior del niño, por sobre lo que los padres quieran.

Hemos desarrollado un programa que es para jueces de menores, pero encontramos que ellos necesitan por lo menos 80 horas de la parte sicológica, que es la que menos dominan. Es un desafío, porque nosotros tenemos que tratar de insertarlo y poder dárselo a ellos, a pesar de que es un curso más largo.

Otro desafío: queremos estructurar el programa de perfeccionamiento como un sistema de malla curricular. Lamentablemente, los deberes de cada puesto del escalafón de empleados no están determinados en Chile, como que el oficial primero hace una cosa y el segundo hace otra; tenemos que encontrar la función que cada uno tiene. Existen ya pequeñas mallas curriculares, de manera que los alumnos vayan perfeccionándose en un área. Todo esto, mezclado con los cursos "sicológicos" (como los llamamos nosotros) de desarrollo personal y control del estrés.

El Poder Judicial es un organismo en que las licencias por estrés o por depresión son bastante altas. De hecho, en el primer año no habíamos pensado hacer estos cursos y, al final, cuando los alumnos llenan una encuesta que se les da, ellos indican en qué les gustaría capacitarse. Evaluamos las encuestas y un 80% de ellas, tanto del escalafón primario como del de empleados, señalaban que querían estos cursos. Son apreciados en el nivel superior, pero también muy apreciados en el nivel de funcionarios. El estrés al que están sometidos es bastante alto.

Este tema lo miro más a nivel de personal subalterno, aunque en el nivel superior también hay estrés, pero no tanto. Lo asocio al hecho de que tienen que trabajar bajo la presión del abogado que los va a ver y que quiere una resolución, bajo la presión del juez y bajo la presión que implica la poca capacitación que han tenido. También es responsable el hecho, que no es una regla general, de que ellos no son muy bien tratados por sus superiores. La forma y el modo de pedir las cosas también influyen. Eso es algo de lo que ellos siempre se han quejado mucho.

Y las remuneraciones, ¿también influyen?
- También repercuten. El estrés se da por el hecho de ganar poco, por su escasa preparación, por no trabajar en un lugar agradable. Yo siempre digo que los judiciales son un poder muy poco solidario, porque si alguno va a un curso de perfeccionamiento, nadie le hace su trabajo. El funcionario vuelve del curso y ahí está su trabajo, porque el del lado no sabe lo que hace el otro. Cuando se enferman, pasa lo mismo. Yo les digo que hay que repartirse el trabajo del que está ausente, pero eso no funciona así.

Están especializados y, a la vez, no tanto. Yo creo que hasta un mayordomo debe tomar un curso de redacción de resoluciones, porque de repente, cuando no hay gente, el mayordomo tiene que redactarlas. Si uno es oficial segundo en un juzgado y hace una cosa y pide traslado a otro, se va a encontrar con una tarea totalmente distinta, porque el otro tribunal está organizado de manera diferente.
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