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Revista Nº 18
ETICA
 
La urgente necesidad de Formación Etica
Por Alberto Zaldívar Larraín,
Abogado,
Consejero del Colegio de Abogados de Chile

En definitiva creemos que el ejercicio actual de la profesión se encuentra gravemente debilitado en su recto ejercicio, por lo cual debe implementarse una política que se inicie en los estudios de derecho y se reintegre a los Colegios de Abogados, las facultades que les permitan ejercer una efectiva jurisdicción disciplinaria". Así concluía su artículo "Algo más sobre Etica de los Abogados", publicado en el Nº 15 de esta Revista el distinguido colega y ex Consejero de este Colegio, Manuel Guzmán Vial. Esta conclusión está apoyada en un amplio análisis desde los más diversos ángulos. Siendo muy completo el análisis que allí se realiza estimo del caso reiterar algunas ideas y avanzar en la proposición que se hace.

Es evidente que en este mundo moderno, en que la ciencia y la tecnología han tenido avances que multiplican con creces todo lo obtenido por la humanidad desde sus inicios hasta no más de una o dos generaciones hacia atrás, los valores y normas éticas se han desdibujado y ello en desmedro del desarrollo de la persona humana. Por otra parte, la globalización reciente y creciente de las sociedades regionales y nacionales, debilitan también las normas éticas y los valores de estas comunidades, haciéndose sus costumbres y tradiciones menos orientadoras de su acción. Agréguese a lo anterior la magnitud del desarrollo económico que opaca otras motivaciones, sean estas religiosas, culturales, políticas, filosóficas o morales. Todo lo anterior apoyado por una comunicación escrita y audiovisual impresionante, ha hecho posible la penetración de este ambiente en la psiquis y conciencia colectiva y personal. Esta realidad, que en lo físico y material se presenta como enriquecedora es totalmente desequilibrada frente al pobre desarrollo moral y valórico del hombre, pues prácticamente no ha habido contrapeso. Sin embargo, la propia naturaleza se encarga de poner en evidencia los desequilibrios y sus denuncias permanentes, que golpean a nuestra sociedad haciéndose sentir en problemas como la delincuencia profesionalizada, la corrupción en los manejos públicos y privados, la drogadicción, la violencia intrafamiliar, la violación de derechos humanos, los desequilibrios psíquicos, etc. Ante estas deformaciones nacen las naturales reacciones que buscan equilibrar las situaciones.

El derecho siempre es posterior a los hechos y es casi cierto que frente a este desorden, espontáneamente se producirá una reacción social para evitar que lo anterior humille a nuestra naturaleza en su dignidad.

Así, junto a la denuncia de los hechos, se forman comisiones, se organizan seminarios y se presentan proyectos de leyes en la búsqueda de soluciones para un reordenamiento público, económico, político y social.

En este contexto es valiosa la preocupación de nuestro Colegio, difundida sistemáticamente en periódicas publicaciones relacionadas con la ética profesional. En ellas han colaborado ex y actuales Consejeros, colegas Alfredo Etcheberry, Ricardo Rivadeneira, Rafael Rivera, Miguel Luis Amunátegui, Urbano Marín, Waldo Ortúzar, Gonzalo Figueroa, Juan Eduardo Palma, Eugenio Velasco, Avelino León, Mariano Fernández, Rafael Gómez, Arturo Prado, Manuel Guzmán, Olga Feliú y Sergio Urrejola. He revisado todos estos trabajos, que constituyen un apreciable aporte que merece ser recopilado y sistematizado. Existe, además, un precedente valioso de nuestra recordada colega Fanny Pardo Valencia sobre la "Etica y Derecho de la Abogacía en Chile", que comprendió la legislación y jurisprudencia existentes hasta antes de la supresión de las facultades que permitían al Colegio ejercer una efectiva jurisdicción disciplinaria. Estos elementos, a los que se puede agregar principios generales de moral y ética y observaciones como las que expuso con tanta propiedad el ex Decano del Colegio de Abogados de Madrid don Angel Osorio en sus libros "El Alma de la Toga" y "Etica de la Abogacía", podrían constituir el fundamento de un ramo de estudio de nuestro Código de Etica, que explicitara y difundiera estos principios en los futuros colegas, evitándose el peligro, tan común, de que muchas cosas por conocidas se callen y por calladas se olviden.

Ello respondería a la inquietud de nuestro Colegio, agregándose a lo anterior la reposición de la facultad de velar por el comportamiento ético de los abogados chilenos en beneficio de nuestra sana convivencia, de la clientela y usuarios de este fundamental servicio de obtención de justicia. Debemos ahora redoblar nuestro esfuerzo en la recuperación de esas facultades y además emprender con las universidades un intento serio de formación ética de los futuros abogados, que aumentan en una notable cantidad anualmente. Esta formación se hace más urgente y necesaria por la reforma judicial en desarrollo, en la cual el abogado tendrá una importancia muy determinante dentro de la sociedad chilena. Importancia derivada del contenido de su acción y de la imagen que proyectará, que estoy cierto será difundida por los medios de comunicación como sucede en los países con procedimientos orales y transparentes.

Creo que es momento de reiterar esta urgencia. Debemos recuperar las facultades para ejercer una efectiva jurisdicción disciplinaria y colaborar en el nivel universitario a través de una difusión en los estudios de derecho de normas que iluminen una cumplida colaboración de los abogados con el servicio de la justicia, como muy bien concluyera nuestro colega Guzmán Vial.
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