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Revista Nº 17
ENTREVISTA
 
Eliana Carrasco
" Al servicio público no se ingresa
para ganar dinero o notoriedad"
Por Marcela Lorca y Avelino León

Pocas mujeres de la generación de Eliana Carrasco (74) vibran como ella con los temas públicos, las leyes y los Tribunales.
Casada con Luis Espinosa Gary, hombre que también dedicó gran parte de su vida al Servicio Público con ejemplar dedicación, madre de tres hijos, dos sicólogas y uno administrador público, la trayectoria de esta abogado es poco común. Quizás su filosofía de vida deja entrever "alguien a quien amar, un trabajo que realizar y un poco de poesía".

Admiradora de la destreza y de la perfección en todas sus formas de expresión, proyecta estas virtudes con proverbial inteligencia tanto en el trabajo como en su admiración por el buen fútbol. Es fanática de este deporte y del Colo-Colo; no se ha permitido jamás una teleserie, pero en cambio disfruta con un buen partido. Comenzó a ejercer en la práctica privada a los 70 años, después de 50 años de brillante carrera en el sector público al que ingresó recién egresada del colegio. Desde oficial administrativo de la Contraloría General de la República a alto Jefe en la misma Institución. De secretaria del Presidente de la República a las Comisiones Antimonopolios pasando por la Dirección del Instituto Nacional de Estadísticas. El ingrediente principal en su receta del trabajo es, asegura, "ponerle poesía a la tarea", con lo que quiere significar poner en ella siempre un poco más de interés que el esperado.

-¿Cómo fueron sus inicios en la Contraloría General de la República?
-Ingresé a la Contraloría General a los 18 años, porque necesitaba urgentemente trabajar, aún cuando mi mayor deseo era seguir estudiando. Al principio mi trabajo incluyó también la dactilografía y llegué a ser una aceptable dactilógrafa, aún cuando no hice jamás un curso para ello. Pero yo anhelaba volar, estudiar en la Universidad, hacer otra cosa. Mientras tanto le puse "poesía" a lo que hacía.

-Poco tiempo después partió a La Moneda.
-Asumió don Gabriel González como Presidente de la República y se pidió a la Contraloría General una Secretaria para él. Fui elegida para ese cometido y en un comienzo me sentí "echada" de la Contraloría cuya labor había aprendido a querer y a admirar; pensaba que no tenía nada que hacer allá. Sin embargo, me quedé seis años en mi nueva función, trabajando de cerca con personas de las que aprendí tanto, tales como el propio Presidente, Darío Poblete y Elena Werth. Fue una experiencia maravillosa que me sirvió mucho en mi vida profesional y que me enseñó a tener una gran humildad frente al estudio de cualquier tema: nadie puede sentirse poseedor de la verdad, hay que examinarlo todo. En la Contraloría había aprendido a analizar los decretos y otras decisiones desde una perspectiva fiscalizadora y en La Moneda vi la otra cara, cómo era de difícil hacer las cosas tratando de ajustar las decisiones a una legislación que toda la vida ha sido demasiado frondosa.

-¿Cómo fue su experiencia en la Universidad, con familia y trabajo?
-Empecé a estudiar en la Universidad cuando mi hijo menor entró al colegio y se dio la coyuntura de un horario de 13 a 20:30 horas en la Contraloría General. Hice todos mis cursos de corrido. Para preparar la licenciatura pedí seis días de permiso. Fue agotador pero me ayudó mi marido y la disciplina de trabajo que ya formaba parte de mí. Entre mis compañeros de curso recuerdo especialmente a Pablo Rodríguez, Daniel Frías y Carlos Fortín.

-¿De qué manera incidió después en su trabajo su formación jurídica?
-Incidió, sin duda, en una mayor capacitación para desempeñarlo. En esa época era Jefe de lo que ahora es la División de Coordinación Jurídica de la Contraloría; en ella se hacía la última revisión del despacho que luego pasaría a manos del Contralor y del Subcontralor, para su firma. Fundamentalmente se trataba de que los pronunciamientos de la Contraloría fueran armónicos, sin contradicciones pero, muchas veces, revisando el trabajo también se podían formular observaciones de fondo. Para cumplir en forma se requería gran rapidez mental, poder de asociación y conocimiento de la legislación y de la jurisprudencia de la Contraloría General y, sobre todo, dedicación.

En esa función compartí responsabilidades con Olguita Feliú y un grupo de estudiantes de derecho para todos los cuales guardo especial gratitud y afecto porque supieron cumplir con su trabajo con ese "poco más de interés" que era necesario: Urbano Marín Vallejo, Eduardo Jara Miranda, Rolando Pantoja Bauzá, Leandro Carvallo Rodó y tantos otros.

-¿Cuál es la evaluación que tiene de la Contraloría actual?
-Creo que sigue siendo el mejor Servicio de la Administración Pública en la que laboran destacados profesionales, abnegados funcionarios administrativos y de servicio que sienten el legítimo orgullo de formar parte de ella .

-¿Cómo describiría el servicio público?
-El sentido del servicio público está muy bien recogido en el primer artículo de la Constitución Política de la República. El Estado existe y actúa para servir a la persona humana. Los funcionarios públicos son quienes deben cumplir con ese servicio. La Ley Orgánica Constitucional de Bases Generales de la Administración establece, también, en forma muy clara que los funcionarios están obligados deben observar una conducta funcionaria moralmente intachable y a hacer una entrega honesta y leal al desempeño de su cargo. Los funcionarios deben estar al servicio de todas las personas del país, para dignificarlas, atenderlas y ayudarlas. No se va al servicio público para ganar dinero ni notoriedad. Se va a servir y a ser el instrumento, el vehículo de este servicio que le corresponde al Estado respecto de todos los habitantes del país y sin distinciones.

-¿Qué cree que piensa la gente joven de eso?
-A la gente joven hay que predicarle con el ejemplo. Los servicios públicos imparten capacitación en la que un rubro muy especial debiera ser -a lo mejor lo es- el conocimiento de la misión que le ha encomendado la sociedad a los funcionarios públicos. Yo no tenía ningún estudio especial cuando ingresé a la Contraloría; sin embargo tenía una muy clara conciencia de que todo el que llegaba a pedir o a consultar algo, pagaba parte de mi sueldo. Me sentía no en deuda, pero si un servidor. Nunca estuve ocupada para nadie, trabajé toda mi vida con la puerta abierta. En la Fiscalía Nacional Económica era el segundo jefe y nunca cerré mi puerta. El que quisiera hablaba conmigo.

-¿Cómo fue su paso por el INE?
-Allí me encontré con la sorpresa más grande de mi vida. Un grupo de profesionales trabajaba con ahínco y dedicación en la función de elaborar las herramientas necesarias para orientar las inversiones públicas y privadas del país. Casi todos habían alcanzado gran especialización contando cada uno con los conocimientos que les habían entregado dos profesiones: Administrador Público y Estadístico del Ciennes. La mezcla de ambas profesiones dio como resultado la existencia de profesionales que son orgullo para el país y de gran notoriedad en el extranjero. La verdad es que yo pude ser Directora del Instituto Nacional de Estadísticas nada más que por la formación que me había dado la Contraloría General.

-¿Cómo empezó a trabajar en los Organismos Antimonopolios?
-Waldo Ortúzar fue Fiscal Nacional Económico desde 1963, como funcionario único. Con el cambio de la política económica durante el Gobierno Militar se le dio más importancia al tema de la libre competencia. Waldo fue ratificado como Fiscal y requería un segundo con ganas de trabajar. El me conocía desde hacía muchos años por mi cercanía con Olguita. Es un hombre muy sapiente, muy sereno y trabajador con el que fue un privilegio trabajar durante casi 20 años. Durante mi permanencia en la Fiscalía tuve la fortuna de conocer gente destacada que integraba, ad-honorem y con gran vocación de servicio, las Comisiones, tanto Preventiva como Resolutiva de las que tanto aprendí. No sé si se puede decir: así como la Contraloría General fue un poco mi madre, sentí a la Fiscalía, en sus inicios, un poco como mi hija.

-¿Cómo era la relación entre el economista y el abogado?.
-Excelente. En la Fiscalía Nacional Económica tuve la suerte de trabajar con muchos economistas y abogados. Y, honestamente, era el economista el que sabía donde íbamos y el abogado el que sabía cómo. La intervención de ambos profesionales es indispensable y ella requiere la buena voluntad de ambos y la disposición de entenderse mutuamente.

-¿Hay alguna resolución en particular que destaque?
Hay dos etapas, la primera desde 1973 hasta 1980 fue una etapa de aprendizaje mutuo entre fiscalizador y fiscalizados. Una norma de la Ley Antimonopolios disponía que todas las empresas debían consultar sus contratos a la Comisión Preventiva Central para corregir los que no se ajustaran a las normas de la ley. Se trataba de hacer camino mostrando con hechos las ventajas de la libre competencia. Después viene un segundo período más afiatado en la aplicación de la ley del que recuerdo las Resoluciones sobre Telecomunicaciones.

Como alterna del Fiscal Nacional Económico participé también como miembro de la Junta General de Aduanas.
-¿Y la Comisión de Distorsiones?
-Nace como una Comisión al interior del Banco Central encargada de investigar la existencia de distorsiones en el precio de las mercaderías importadas. Luego se le da existencia legal como organismo técnico integrado por representantes de Instituciones Públicas del sector económico con la misión de asesorar al Presidente de la República en la adopción de medidas para evitar el daño o amenaza de daño a la producción nacional con el ingreso al país de mercaderías con precios distorsionados.

-¿Tuvo oportunidad de conocer experiencias en el extranjero respecto de la libre competencia?
-El Gobierno de don Patricio Aylwin me envió en comisión de servicios, primero a Venezuela a representar al país en una Reunión de expertos de la UNCTAD y luego a Washington para conocer los procedimientos de la Federal Trade Comission y de la División Antitrust, dependientes la primera del Departamento de Economía y la segunda del Departamento de Justicia del Gobierno de Estados Unidos de Norteamérica. ¡Qué alegría tan grande cuando vimos que las formas de investigar que habíamos ideado en Chile eran similares a las que empleaban allá, evidentemente con una diferencia notable en los medios con que contaban!.

-Después de haber pasado por todos estos organismos ¿Cómo ve el tema de la modernización del Estado?
-Con gran optimismo. Espero que el Plan Modernizador surta los efectos deseados. Pienso que la capacitación y los medios son fundamentales, pero lo mas importante es la disposición de servicio de los agentes públicos y aquella para oír a todos los que tienen algo que entregar sobre la materia.

-¿Qué significó el paso al ejercicio privado como abogado?
En la Contraloría General teníamos prohibición de ejercicio de la profesión. En la Fiscalía podíamos ejercer, pero yo nunca lo hice, salvo defendiendo algunos fallos de las Comisiones ante la Corte Suprema cuando me lo encomendaba el Fiscal, lo que ya me puso en contacto con los Tribunales Ordinarios de Justicia. La Comisión Resolutiva es un Tribunal Especial y de ella fui su Secretaria durante 21 años. Cuando se me pidió la renuncia en 1995 -mi cargo era de la confianza del Fiscal- Waldo Ortúzar me ofreció espacio en su estudio y comencé mi ejercicio libre de la profesión. Ha sido una experiencia muy gratificante.

-¿Está arrepentida de no haberlo hecho antes?
-No. Estoy contenta con lo que he hecho. Quiero el Servicio Público y me ha costado mucho privatizarme. Siempre sentí que era un privilegio ser profesional por lo que ejerzo bastante y mucho gratis, porque hay gente que lo necesita. La verdad es que es agradable hacerlo.

Cuando salí de la Contraloría estuve un período corto en la casa. En mi calidad de jubilada con ganas de seguir prestando servicios a la comunidad, fui a la Municipalidad de la comuna donde vivo a ofrecer mis servicios para atender gratuitamente a los vecinos que lo necesitaran: alimentos, posesiones efectivas, etc. Desgraciadamente no creyeron que fuera un ofrecimiento desinteresado.
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