RUT
Clave
Recuperar Contraseña
Buscar
Revista Nº 32
ARTE
 
La Adoración de los Pastores
Por Carolina Seeger C.
Abogado
Licenciada en Estética

El menor de catorce hermanos, huérfano a temprana edad y adoptado por su hermana, Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) es un pintor perteneciente a la “escuela sevillana”, y uno de los principales representantes del Barroco Español, estilo de temática principalmente religiosa que se atiene a la normativa contrarreformista: colorido, natu-ralismo, y cercanía al fiel para facilitarle el acceso al dogma católico.
Para entender los principales aspectos de la obra de Murillo, debe tenerse presente que el siglo XVII fue de profunda crisis económica en la península ibérica, sin embargo, se le conoce como el Siglo de Oro en el terreno religioso, artístico y literario. La Reforma Católica tuvo sus principales teólogos en España, y las artes eran encargadas en un 90% por la Iglesia. No obstante la predominancia de Cristos, vírgenes, ángeles que revolotean en el espacio y santos, la pintura española de esta época tiene una marcado acento realista y costumbrista.
Una de las virtudes fundamentales de Murillo como pintor, es haber sabido utilizar de forma original distintas fuentes de inspiración creando obras que contienen una síntesis perfecta entre lo terrenal y lo divino. Logra humanizar los personajes celestiales. Las influencias más evidentes en el Barroco Español son la pintura flamenca y el Barroco Italiano, que Murillo supo asumir en su propia pintura de manera totalmente personal. También de los maestros españoles de su época supo retener lo que más le convenía; aprendió del clérigo Juan de Roelas, de Zurbarán y de Francisco de Herrera el Viejo. Murillo es un gran observador de la realidad; capta amables personajes populares de presencia sencilla haciendo trascender su expresividad espiritual. Es además un excepcional intérprete de la gestualidad infantil, la cual reproduce con delicado afecto. Pero, por sobre todo, puede decirse de él que su profundidad intelectual le permitió traducir en pintura el universo religioso y el ámbito social que le envolvía.
Jesús recién nacido es presentado por María a los pastores, mientras José en segundo plano deja entrever la leve preocupación propia de un padre. Con la inocencia y entrega característica de los niños, el pequeño Jesús posa su mirada en los pastores, a su vez, éstos lo miran con atención y profunda ternura, conscientes de haber encontrado al hijo de Dios. La mirada entre el rey de reyes y los humildes pastores parece haberse congelado para la eternidad. Sin duda allí habita el reconocimiento mutuo y el mensaje: la verdadera sabiduría consiste en ser humilde y en cultivar un alma sencilla. Los animales que acompañan el acontecimiento han comprendido también la importancia de aquel momento, el buey en su mirada al espectador parece comunicar que todos podemos compartir esa paz, las gallinas se han quedado quietas a los pies de la mesa de madera, la oveja trata de ver al niño.
Murillo, utilizando la técnica del claroscuro (aprendida de los pintores españoles Zurbarán y José de Ribera), contrasta la oscuridad del fondo y los suaves matices de luz y sombra de los personajes secundarios, con la claridad de la “luz del mundo” envuelto en blancas sábanas. Acerca del valor de la humildad reflejado en esta obra, -y para comprender mejor la significancia de esta pintura en cuanto expresión de la ideología católica, es útil leer lo que meditó Santa Teresa de los Andes:“...Sin la humildad las demás virtudes son hipocresía. Sin ella, las gracias recibidas de Dios son daño y ruina. La humildad nos procura la semejanza con Cristo, la paz del alma, la santidad y la unión íntima con Dios”.
Revista del Abogado
Números Editados
Publicidad en Revista del Abogado
Volver
webpay
Inscripción en linea
E-CERTCHILE
Revista N° 75
Mayo 2019
Codificación Comercial
Tramitación Electrónica
Poder Judicial2
DLE
MICROJURIS
Inserto2
Los Martes al Colegio
UANDES
PRO BONO