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Revista Nº 32
ENTREVISTA
 
Armando Uribe
“ No Sé Donde Está la Poesía”
Por Deborah Con K. y Arturo Prado P.
Personaje controvertido, el Premio Nacional de Literatura 2004 expresa sus opiniones con una curiosa mezcla de pasión y modestia. Desde hace ya algunos años ha empezado a prepararse para el buen morir y ha sustituido la actividad por la reflexión, la lectura y la escritura. Pero eso no le impide lanzar sus dardos contra todo lo que encuentra equivocado en esta sociedad que a su juicio ha dejado de ser cristiana.

Podría ser una figura del Greco. Alto y delgado, fumando sin cesar, vestido con un traje oscuro, Armando Uribe habla sin prisa y con franqueza. La tarde cae lenta en su antiguo departamento situado frente al cerro Santa Lucía, mientras conversamos en su living austeramente decorado con algunos objetos, entre ellos una máscara china de largas orejas, recuerdo de su paso como embajador en China. En ese cargo lo sorprendió el once septiembre de 1973, que lo forzó a exiliarse en París junto a sus hijos y a su mujer, Cecilia Echeverría, artista plástica, con quien estuvo casado durante 44 años. Su muerte, ocurrida en el año 2001, y la de su hijo Francisco, años antes, son los mayores impactos que han estremecido profundamente su vida (“Ah, Cecilia, dije que nunca había visto morir a nadie. Ya no es el caso”).
Es éste, sin duda, un hombre singular. Por su pensamiento, por su vida, por su talento, por sus experiencias en la diplomacia, la literatura y el derecho. Tiene 71 años recién cumplidos, pero él se ha echado encima muchos más años de los que realmente ha vivido. “Interiormente tengo 87 años, porque cada día de los 17 años que estuve en el destierro se cuentan por dos”, explica, recordando la monotonía de esa época: “un día y otro día y otro día”.
En una muy apretada síntesis de su vida, habría que contar que después de sus estudios en el Colegio Saint George se tituló de abogado en la Universidad de Chile y que luego de trabajar un tiempo junto a su padre, quien era especialista en derecho minero, ingresó en 1966 al Ministerio de Relaciones Exteriores. Allí cumplió diversas misiones, hasta que fue exhonerado en 1973. Ha ejercido diversas cátedras de derecho en universidades de Estados Unidos, Francia, Italia y por supuesto Chile. En 1954 publica su primera obra “El transeúnte pálido”, y desde entonces no ha parado de escribir. También ha escrito numerosos textos de política y derecho penal y minero. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua y Académico de la Real Academia Española, ha recibido numerosas distinciones a lo largo de su prolífica trayectoria.
El Premio Nacional de Literatura lo encontró, como de costumbre, leyendo y escribiendo en este mismo departamento, de donde sale sólo lo imprescindible, lo justo y necesario. Porque Armando Uribe se está preparando para el buen morir. Por eso en 1998 decidió sumergirse en una profunda meditación sobre su vida, lo que coincidió con sus 65 años y con su jubilación como profesor titular de la Universidad de París, la antigua y prestigiosa Sorbonne. Desde entonces comenzó a vivir de su jubilación francesa, y dejó de hacer clases en la Universidad de Chile, de la cual había sido profesor desde la década del 60.
- Se me crearon problemas, en realidad, me provocaron que dejara las clases -explica-. Pero esto de quedarse tranquilo cuando se es viejo es algo muy antiguo en todas las civilizaciones. En los últimos 50 años empezaron a aparecer toda clase de medicamentos tanto para el sistema nervioso como para el cuerpo que prolongan los años de vida. Ello hace sentirse a personas de edad avanzada, no sólo cronológica sino también interiormente, como si fueran jóvenes y siguen funcionando en la vida práctica. No se encierran, no se quedan en sus casas y no se preparan para bien morir. Creen que están muy bien, se sienten bien, pero resulta que uno se da cuenta que los roces y desgastes del cuerpo y de la siquis siguen presentes. Pascal dice precisamente que la mayor parte de los seres humanos tienen problemas por no quedarse tranquilos en su pieza.
-¿En qué emplea ahora su tiempo?
- Diría que en una suerte de examen de conciencia de la vida pasada, que en mi caso se ha expresado porque publiqué “Memorias para Cecilia”. Estoy haciendo una reunión de los recuerdos, una especie de balance, también a través de los papeles que he ido juntando en el curso de más de medio siglo, que en mi caso eran muchísimos papeles inéditos, diplomáticos y personales. Así he podido publicar a partir de 1998 muchos más libros de los que había publicado desde esa fecha hacia atrás, en toda mi vida. Es un lujo poder hacerlo. Además estoy leyendo y releyendo mucho, constantemente, porque yo siempre he leído más de lo que escribo.
- ¿Tiene muchos libros?
- Tenía en París 14 mil libros,pero mis hijos, los dos que permanecieron en París trabajando, se quedaron con libros míos. Entonces creo que aquí debo tener 12 mil y tantos. Nunca los ordeno, tuve los libros ordenados hasta como los 25 años y después me di cuenta que tenía una especie de obsesión del orden que me pareció negativa. Entonces decidí no tener los libros ni los papeles ordenados.
La infinita tontería humana
- ¿Diría que los años lo han vuelto más sabio?
- No, la vejez, la acumulación de experiencias no vuelve necesariamente más sabio. Además hay niños que son sabios, de modo que tampoco es cuestión de edad. Pero yo soy católico, apostólico y romano y creo en la resurrección de la carne. Nací en una familia católica y me formé como tal. Mi bisabuelo dejó unos recuerdos de su propia vida y unos consejos a su único nieto hombre para cuando cumpliera 20 años. Yo los leí cuando tenía 12 y me impresionaron mucho esos “Apuntes para mi nieto”. Ahí le dice a este tío mío que si nació en una familia católica, debe seguir la formación que recibió como católico, pero que si hubiera nacido en una familia luterana en el sur de Alemania, le diría que siguiera con la formación luterana. Yo creo en eso y tengo gran respeto por todas las religiones.
- ¿Vivir un proceso de introspección hace que se esfume la vanidad?
- No, la soberbia es el pecado original. “Seréis como dioses”, le dice el demonio a Adán y Eva, que quieren colocarse en el mismo plano que el Creador. Cometen ese pecado de soberbia que es heredado por toda la humanidad. El conocimiento de la propia imperfección yo lo tengo en forma relativamente consciente desde niño chico. Poseo recuerdos muy antiguos, como aparece en esas memorias, desde los dos o tres años. Me di cuenta de cuán limitados somos los seres humanos. Uno va comprobando que está lleno de lagunas, de torpezas, de estupideces, de malentendidos, en la vida personal y colectiva. Hay unos versos muy famosos en griego que dicen que no hay nada que dé más la impresión de infinito que la tontería humana. Empezando por la propia.
- Como cristiano ¿qué valor le asigna a la esperanza?
- Los valores cristianos se han perdido, yo tengo esperanza en la otra vida. Hoy día el mundo está cubierto por la ideología de neoliberalismo capitalista de mercado desregulado, que es totalmente anticristiana. En esta vida la única esperanza que se puede tener es en las generaciones más jóvenes, que no están quemadas, por ejemplo en Chile, porque uno habla desde donde tiene responsabilidad. Pero como decía Joaquín Edwards Bello hace ya más de 50 años, en Chile pasan las mismas cosas que en otras partes del mundo. En todas partes se cuecen habas, señalaba él. En mi opinión estamos en un período muy negro de los seres humanos en el mundo.
- ¿Lo dice desde una perspectiva poética?
- Yo nunca he creído ser un poeta. Me llamo versificador porque escribo versos, pero no sé dónde está la poesía y como persona no creo haber sido muy poético. Me considero bastante prosaico y a la vez arcaico. Ésta es una de las poquísimas ocasiones en que personas de mi edad pueden decir que tiempos pasados fueron mejores. Como dice el historiador más notable que ha tenido Chile, Mario Góngora, quien fue mi profesor, yo creo que la civilización occidental cristiana terminó definitivamente con las dos guerras mundiales del siglo XX. Terminó el milenio de civilización occidental cristiana el del 6 de agosto de 1945, con la explosión de la bomba atómica en Japón. Muchos historiadores coinciden en que el siglo XX ha sido el peor de la historia en términos de humanidad, crueldad y destrucción. Esto está probado en un documento jurídico como es la Constitución Europea, en cuyo preámbulo se eliminó toda referencia al cristianismo.
- ¿Cómo enjuicia la sociedad actual?
- Esta es una pseudo civilización, encabezada por Estados Unidos, que en estos últimos 60 años ha consistido casi principalmente en la barbarie tecnológica manipulada por tecnócratas, quienes manejan los sistemas de gobierno, de salud y educación, como vemos en Chile, aunque los tecnócratas no son hombres de cultura. Eso se observa en la PSU. Por ejemplo, introducen un soneto de Quevedo, con seis opciones distintas de respuestas, y se nota claramente que quiénes hicieron la pregunta no entendieron el soneto de Quevedo. ¡No saben nada de literatura ni de poesía!
Exorcismo para no aburrirse
-
¿ Qué lo motivó a seguir la ruta del derecho minero, al igual que su padre?
- Yo me formé principalmente en derecho penal y mi memoria fue sobre los delitos calificados por el resultado. Después esa memoria se utilizó centralmente en el juicio contra quienes secuestraron y mataron al general Schneider. Luego, con una beca del gobierno italiano, estudié en el Instituto de Ciencias Penales y Criminológicas de la Universidad de Roma. De vuelta en Chile fui profesor de derecho penal y me di cuenta que en la oficina de mi padre, donde comencé a trabajar en 1959, después de haber regresado de Europa, casi todos los asuntos eran de derecho minero y derecho público y privado. Yo me dediqué más particularmente al derecho público, es decir a la participación de los diversos poderes del Estado en la constitución de concesiones mineras.
- ¿También tuvo un cargo en la Comisión de Energía Nuclear?
- Sí, fui el fiscal de esa Comisión, desde que se creó bajo el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez. El doctor Eduardo Cruz Coke, que era el presidente de ésta, decidió enviarme a mí cuando le tocó a Chile ser parte del directorio de las Ciencias Internacionales de Energía Atómica, y fui miembro del directorio durante dos años. Pasé a transformarme por mi cuenta en experto en desarme nuclear, aunque parezca curioso. Además me enviaron como representante de Chile, con rango de embajador, a México a las conferencias que se realizaron para llegar al tratado de proscripción de las armas nucleares de América Latina. Fui plenipotenciario y firmé ese tratado. También, como experto en derecho público reflejado en lo minero, fui llamado a las comisiones del Senado para la nacionalización de la gran minería del cobre y la introducción en la Constitución misma del texto que después fue aprobado unánimemente por el Congreso pleno, el año 71, y que está en la Constitución del 80 dictada por el señor Pinochet.
- ¿Militó alguna vez en un partido político?
- Nunca, yo fui embajador de carrera, nombrado por mi trayectoria, pero fui exiliado desde el mismo comienzo en que se produjo el Golpe, porque comencé a escribir artículos críticos que fueron considerados de peso en periódicos de Francia, Italia e Inglaterra. Para ser desterrado no necesité ser exiliado empujado en avión o en carretilla. Yo estaba en Pekín, pero me había llamado el Ministro de Relaciones, que era Clodomiro Almeyda, para que nos encontráramos en París. Él venía de la Conferencia Internacional de los No Alineados, en Argelia, en septiembre del 73, y deseaba encargarme una cosa distinta que la embajada en Pekín. Por mi parte, había tomado dos semanas de vacaciones y quería inscribir a mis hijos en colegios de Francia. El 9 de septiembre me junté en París con Clodomiro Almeyda. Era principios de otoño y mirando por la ventana unos árboles que ya tenían unas pocas hojas amarillentas, mientras golpeaba el vidrio con la uña del dedo, él me preguntó “¿Y si pasa algo en Chile?”.
- ¿Disfruta más hablando de derecho y política que de literatura?
- A mí me interesan las grandes cosas. Considero que la literatura y los versos son personales, en cambio estos son intereses colectivos. En relación al derecho, empecé a leer unas memorias de prueba a los 10 o 12 años, porque tenía curiosidad. Por ejemplo, una que presentaba el surrealismo, que se llamaba “Locura y derecho”. También leí la memoria de Volodia Teitelboim. Más tarde nos conocimos en la casa de Neruda, de quien fui amigo.
- ¿Qué ha sido para usted la literatura?
- Voy a responder de una manera un tanto curiosa. Yo me aburro mucho, el aburrimiento me ha perseguido desde niño, pero tengo exorcismos, y eso ha sido la escritura. Para escribir no tengo ningún sistema. Lo hago a mano, porque me carga la técnica. Desde chico he encontrado que la tijera es una máquina muy complicada, y la bicicleta para qué decir. Las máquinas me responden mal, se echan a perder, porque las trato mal.
- A usted le preocupan mucho los temas de ética y de justicia. ¿Qué opina del papel que en la actualidad juegan los colegios profesionales?
- Los colegios profesionales deben tener capacidad para examinar la conducta de todos los de una determinada profesión. Eso no existe ahora. Mi padre fue consejero del Colegio y yo me acuerdo de esa época. El límite entre lo jurídico y lo moral es muy complejo. Por ejemplo, en el caso de los pagos de desahucio en Enap, García Álamos era claramente un caso de blandura en la frontera entre lo legal y lo moral. En mi opinión, el Consejo de Defensa del Estado se equivocó al decir que no era posible iniciar un juicio, en circunstancia de que allí había causa u objeto ilícito. Debió haber sido examinado por un Colegio de Ingenieros.
- En 1998 usted publicó Odio lo que Odio, Rabio como Rabio, y desde entonces se ha ganado una fama de hombre rabioso. ¿Es cierto eso?
- Me lo han preguntado mucho, pero la verdad es que nunca mis expresiones de rabia son sin dar argumentos, o sea son rabias razonadas, por motivos precisos, se pueden explicar como lo que lleva a una reacción contraria, porque la rabia es ser contra algo. Y yo tengo rabia más bien con los hechos que con las personas. Por lo demás, me arrepiento de las cosas que me van a llevar al infierno y al purgatorio. Conozco mis fallas y los daños que les he provocado a otras personas.
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