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Revista Nº 33
NOTAS GREMIALES
 
La Siutiquería Jurídica
Por Rodrigo Winter I.
Abogado
¿Hay siutiquería en nuestra profesión? Sí y a raudales. Una de sus manifestaciones es la utilización de formas relamidas, que corresponden las más de las veces a expresiones arcaicas que han sobrevivido por inercia.
 
La palabra “siútico” se está batiendo en retirada en las nuevas generaciones. Después de una indagación con mis hijos, he llegado a la conclusión que ellos no la utilizan en su vocabulario normal, y que ha sido reemplazada por “flaite”, que no es exactamente lo mismo, ya que tiene una connotación de vulgaridad que no se aviene con aquel refinado mal gusto que evoca la siutiquería. Así, decirle “vieja” a una señora es definitivamente rudo o “flaite”, y en cambio tratarla de “madame” es siútico.
El término, que es intrínsecamente nuestro, ha sufrido una interesante evolución en el tiempo. Originalmente nació como “pisiútico”, con una raíz filológica incierta que ha dado lugar a diversas teorías. Nuestra aristocracia local lo utilizó con profusión para referirse despectivamente a los integrantes de la clase media pujante que intentaban colarse en sus salones o acceder a esferas de influencia que creían reservadas para ella. Posteriormente, ya en períodos de la llamada “mesocracia”, pasó a adquirir el significado actual, que no es fácil de definir, pero que podríamos esbozar como un refinamiento innecesario, excesivo y artificial en los modales o estilos, que roza el ridículo y el mal gusto.
Hay un conocido y viejo chiste que grafica certeramente el significado de la palabreja: un amigo le cuenta a otro que le “tout Santiagó” -expresión indefectiblemente siútica- está diciendo a sus espaldas que él es un siútico. El aludido lo mira perplejo, y elevando las manos al cielo, replica indignado: “¿Siútico? ¿Moi?”
Pues bien, ¿hay siutiquería en nuestra profesión? Mi respuesta es firme y categórica: sí y a raudales. Una de sus manifestaciones es la utilización de formas relamidas, que corresponden las más de las veces a expresiones arcaicas que han sobrevivido por inercia y han devenido en siutiquería pura. Así, tratar a los jueces de “Usía” o “Vuestra Señoría”, y a las Cortes de “Ilustrísima” o “Excelentísima”, es un lenguaje impropio de un país republicano que ha madurado bajo el signo de la “egalité” -perdón por esta expresión, pero la siutiquería es contagiosa-. Debe ser reemplazado por otras expresiones, respetuosas sí, pero más sencillas, como “señor Juez”, o “señores Ministros de la Corte”.
A propósito de Excelentísimas e Ilustrísimas, un colega me confió la siguiente anécdota que comparto con ustedes. Habiendo contratado a una secretaria nueva en su estudio, le entregó un borrador manuscrito para mecanografiarlo. Al rato ella llegó con una sonrisa de labor cumplida, diciéndole que la carta para la señora Cortés estaba lista, pero que creía que el nombre correcto era Irma y no Ilma. Innecesario es decir a ustedes que “Iltma. Corte” se había transformado en nombre de mujer en la mente de la novel secretaria.
También abunda en nuestros tribunales un lenguaje afectado, tal como “a US. suplico”, “Dios guarde a Usía” o “a SS. Imploro”, y las expresiones “es gracia”y “es justicia” que todavía rematan como colofón algunas presentaciones a la magistratura. Pura siutiquería.
Otra de sus manifestaciones es el uso profuso de balanzas, diosas de la justicia y espadas que adornan membretes y oficinas de abogados. Recuerdo haber visitado el estudio de un colega que había recreado en su oficina el despacho de un juez. Su escritorio estaba sobre un estrado, escoltado detrás por una diosa de la justicia de tamaño natural con todos sus aditamentos, a saber, vista vendada, balanza y espada aún cuando con formas demasiado voluptuosas e insinuando algunas desnudeces que le quitaban efecto a su imagen de severidad. Sobre el escritorio reposaba un martillo, y al frente del mismo, un lema en bronce que rezaba: “Dura lex , sed lex”. En fin, todo un escenario digno de Hollywood y que no era otra cosa que la encarnación misma de la siutiquería jurídica.
¿ CUÁL ES SU GRACIA?
Quizás un reducto muy amplio de la siutiquería se encuentra en la administración pública, en especial en ese lenguaje rebuscado en que se redactan oficios y comunicaciones, y en el que a veces se cuelan faltas de ortografía o errores gramaticales haciéndolos exquisitamente siúticos.
Para muestra,la siguiente respuesta que recibí de un funcionario de una municipalidad sureña en relación a mi solicitud para realizar un trámite: “Fulano Megañez Zutanez tiene el agrado de saludar muy atentamente al señor Rodrigo Winter Igualt y acusa recibo de su misiva de fecha 2 de marzo de los presentes en la que respetuosamente solicita inscribir una prenda en el registro de remolques que llevaría esta Ilustre Municipalidad.
“ En relación a la petición formulada, Megañez Zutanez cumple con informar al Sr. Winter Igualt que lamentablemente no podrá acceder a su gentil solicitud de fecha 2 de marzo de los presentes en atención a que esta Ilustre Municipalidad no lleva un registro de remolques.
“ Megañez Zutanez aprovecha la oportunidad de reiterar sus saludos al Sr. Winter Igualt y expresarle sus sentimientos de la más alta consideración y estima. Es gracia.”
En el derecho comercial también se ha colado la siutiquería, y un colega, sumamente agudo y un tanto exagerado, me dice que la expresión “razón social” -en vez de “nombre social”- es intrínsicamente siútica, y que preguntar cuál es la razón social de una sociedad es el equivalente a preguntar el nombre de una persona bajo la fórmula de “¿cuál es su gracia?”.
La siutiquería se expresa también en el uso innecesario de expresiones extranjeras que poco se avienen con nuestra realidad local, con el único propósito de demostrar la sabiduría en legislaciones exóticas de los colegas que participan en ellas. Así por ejemplo, no hay transacción importante y que se respete, en la que no se cuelen expresiones como “covenants”, “first refusal”, “punitive damages” o similares, aunque el negocio se haga en Chile, entre chilenos, y quede sometido a nuestras leyes y a la paciencia de nuestros tribunales
El horror a la siutiquería ha engendrado un mal que es peor que ella misma: una especie de “Macarthismo” de la siutiquería, que lleva a la exageración de calificar como tal a simples manifestaciones de amor, afecto, cordialidad o respecto.
Así, un amigo que ha asumido el dudoso rol de detector de la siutiquería, me advierte que la expresión “colega” que antiguamente nos otorgábamos los abogados, como una expresión fraterna que abría las puertas a una relación cordial, respetuosa y considerada, ha pasado de moda y actualmente ha traspasado el umbral de la siutiquería.
No me resigno a tamaña barbaridad, y so riesgo de ser calificado de siútico, seguiré utilizándola ya que implica deferencia, compañerismo y afinidad entre quienes compartimos el ejercicio de esta noble profesión.
Que la lucha contra la siutiquería no nos lleve a refrenar la expresión de nuestros sentimientos, sino a eliminar lo innecesariamente superfluo y relamido, y “aggiorne” nuestras formas jurídicas reemplazándolas por otras más democráticas y sencillas. Así lo imploro a sus Excelencias. Es gracia.
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