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Revista Nº 33
NOTAS GREMIALES
 
Monseñor Juan Ignacio González Errázuriz
“Somos colaboradores de la administración de justicia ”
Por Deborah Con K. y Arturo Prado P.
Abogado colegiado y con una amplia experiencia en el mundo laico, antes de ser sacerdote y Obispo de San Bernardo trabajó durante una década como abogado en Carabineros. “Tengo una mentalidad jurídica muy arraigada, lo que unido a la formación teológica y canónica es algo muy adecuado para la compresión del mundo y de la realidad”, explica, y desde esa perspectiva analiza temas como la nueva ley de matrimonio, el celibato, la ética profesional y la actuación del Colegio.
 
Sábado por la mañana, día de sol en San Bernardo. En la hermosa casa del obispado se respira tranquilidad y silencio. El ambiente es rural y el verde se cuela por las grandes ventanas. Cuando Monseñor Juan Ignacio González entra en el living, alto, sonriente y relajado,
sorprende por su simpatía, por la informalidad de su trato y también por su apariencia juvenil. Pero no hay que engañarse: el obispo tiene unas ideas muy definidas, claramente alineadas con la doctrina de la Iglesia, y aunque no evade ninguna pregunta, sus respuestas se insertan dentro de un marco muy acotado, el de la perspectiva que da la enseñan de la fe y la moral católica. Abogado de la Universidad Católica, Doctor en Derecho Canónico de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y miembro del Comité Jurídico de la Conferencia Episcopal, cuenta y deja muy claro que tiene una mentalidad jurídica. “Para un obispo ser abogado es sumamente útil. Si uno junta el derecho y lo que aprendió en la Universidad, con el Derecho Canónico, tiene una visión única de las cosas. Para mí esto ha sido una herramienta maravillosa. Un don de Dios, sin duda”.
Viene llegando de Roma y está muy contento con la elección del Cardenal Ratzinger como nuevo Papa Benedicto XVI , quien fuera la mano derecha del gran Juan Pablo II : “Hay que dar tiempo a la meditación......pero hemos de ser capaces de descubrir los signos de los tiempos en esta elección”.
También conserva fresca en la memoria la enorme devoción que concitó la muerte del Papa.. “Lo que yo pensaba estos días en Roma, es que cuando vi al Papa difunto, no vi al Papa, vi a Cristo. Y estuve casi una hora ahí delante. Llegaron obispos orientales, el rabino de Roma, el de la Iglesia Anglicana, laicos, reyes...podríamos decir con la Escritura “partos, medos y elamitas....” “Era algo impresionante, agrega, que expresa la fuerza moral de la Iglesia Católica”.
Miembro de una familia de ocho hermanos, dos de los cuales son sacerdotes, con madre de misa diaria, dice que aprendió la piedad y el amor a Dios en la casa de sus padres. Mucha gente le pregunta si acaso tuvo una vocación tardía, porque recién se ordenó sacerdote en 1993, pero la verdad es que sus intereses se definieron muy tempranamente. Durante muchos años fue numerario del Opus Dei - laicos entregados a Dios, que viven en medio del mundo y ejercen una profesión- y al salir del colegio estudió derecho en la Universidad Católica, casi siguiendo una tradición familiar. Aunque su amor por la historia sobrepasa el que tiene al Derecho.
Interesado en el servicio público, trabajó durante 10 años como abogado de Carabineros, donde acumuló una experiencia no despreciable, y muy buenos amigos que aún mantiene y llegó a alcanzar el grado de Capitán del Servicio de Justicia. Eso, hasta que en 1990 le preguntaron si querría ordenarse sacerdote, y entonces partió a estudiar a Roma. De regreso en Chile, fue uno de los fundadores de la Universidad Los Andes, también capellán de ésta y de la residencia Alborada, hasta que en el año 2003 el Nuncio Apostólico lo mandó a llamar para decirle que el Papa había aceptado la renuncia del obispo de San Bernardo, Monseñor Orozimbo Fuenzalida, y lo había nombrado a él en ese cargo.
-El Nuncio me preguntó si tenía un inconveniente para aceptar, y yo le dije inconvenientes graves, morales, no, pero que si me daba susto. Entonces fuimos a rezar a la capilla, me aclaré, y después el Nuncio me hizo escribir una carta al Papa donde yo aceptaba. Fue un martes y el viernes se publicó en Roma.
MORAL Y CONCIENCIA
-A su juicio ¿cuáles son los desafíos éticos del abogado en la sociedad actual?
Porque hoy en día existe una proliferación de abogados. La profesión ha adquirido un carácter masivo y a veces, para competir con otros y buscar “oportunidades”, algunos pasan a llevar la ética profesional.
-Nuestra profesión se ha mercan-tilizado, es cierto, aunque también es verdad que ahora mucha gente tiene posibilidades de acceso a la justicia; antes tener abogado era una cosa de unos pocos, muy cara. Pero al mismo tiempo eso ha ido de la mano con una baja en la formación ética de nuestros profesionales. En la enseñanza de los abogados está pasando lo mismo que en toda la educación en Chile: no hay educación en los valores cristianos, se han convertido muchas escuelas de derecho en entidades técnicas. Es necesario volver a los fundamentos antropológicos cristianos del derecho y desde allí reencauzar la formación de los abogados.
- Pero existe una ética laica.
- Uno acepta una ética laica, evidentemente, pero ella no llega a captar en toda su profundidad los valores, por un problema antropológico: el fundamento de lo que es el hombre de acuerdo a los valores cristianos. El valor de la justicia, por ejemplo, dar a cada uno lo suyo, requiere de una formación moral personal. Hace poco hubo una denuncia contra un juez. ¿Cómo pasa eso? Son casos aislados, sí, pero estamos hablando de aquel que ha sido llamado a administrar justicia para el resto. Si en la cabeza sucede eso, qué queda para abajo. El hombre tiene una tendencia al mal, que no es la tendencia original. Por lo tanto, para hacer el bien siempre hay que hacer un esfuerzo, se requiere un conocimiento, un cultivo de las virtudes cristianas y una respuesta a la llamada del bien, que nos es otra cosa que una respuesta a Dios. De otra manera se construye una sociedad como la europea, donde las cosas son equilibrio y Dios ha desaparecido.
-¿Cuál sería el papel de los abogados en este sentido?
- Somos colaboradores y auxiliares de la administración de la justicia, y la justicia la identificamos con verdad, con santidad, con lo bueno. El gran desafío que nos deja el pontificado de Juan Pablo II, es actuar con una conciencia verdadera en la resolución de las cosas más concretas, y no proceder jamás contra nuestra conciencia. Otro tema importantísimo que también tiene que ver con el trabajo de los abogados, es hacer la justicia asequible a los más pobres. Eso en parte lo ha logrado el nuevo sistema llevado adelante por la Corporación, pero no basta.
- Un problema que se arrastra desde Tomás Moro, es la subordinación de la conciencia y el deber. En el caso del abogado, muchas veces debe defender un caso en que su conciencia no lo acompaña, por ejemplo en el caso de un narcotraficante. ¿Qué piensa sobre ello?
- En realidad el abogado colabora con aquel que hace justicia, que es el juez. Por lo tanto, yo no tendría ningún problema en defender a un asesino sabiendo que lo ha sido. ¿Qué estoy buscando? La pena justa, nada más. En ese sentido no tiene porqué haber ningún problema de conciencia del abogado.
- ¿Y si hay un repudio moral fuerte?
- Si hay una objeción de conciencia grave, se debe aceptar la objeción del abogado, aunque muchas veces el caso no se toma por dejación, por no complicarse la vida. Pero en Chile no tenemos legislada la objeción de conciencia, ni en los médicos ni en el servicio militar ni en el derecho. Eso hay que abordarlo, obviamente con una buena regulación, porque el abogado podría aducir que tiene una objeción grave de conciencia, pero en realidad se está escondiendo para no tomar el caso.
SIN CONFLICTOS
- ¿Por qué razón cree que el Papa pidió perdón a los judíos por la actuación histórica de la Iglesia?
- El Papa Juan Pablo pidió perdón por los errores de hombres de la Iglesia, pero suponiendo que esas personas actuaron de buena fe. Lo interesante de la moral católica es que una persona puede hacer una cosa mal, pero si la hace de buena fe, con recta intención, o con una ignorancia completa, no actúa mal. Entonces el Papa dice: “No juzgamos la mente de aquellos que cometieron el error objetivo de que una persona fue condenada o perseguida por ser judía, porque no sabemos qué pasó en la conciencia de esa persona que persiguió”. El Papa pidió perdón en cuanto se hicieron cosas que están mal, pero no dice, porque no se puede meter en la conciencia de los hombres, que una determinada persona actuó mal. Pide perdón salvando la intención de los que actuaron, porque esa gente puede haber procedido de buena fe.
- ...O de mala fe...
- Pero no lo sabemos y entonces hay que salvar la buena intención.
- Usted, en lo personal ¿ha tenido dudas importantes a lo largo de su ministerio?
- La verdad es que no. Yo creo profundamente en la gracia de Dios. Cuando Dios lo llama a uno a una cosa, le da la gracia para poder vivirla. Mi esfuerzo es responder a esa fuerza. Conflictos no he tenido, he trabajado siempre contento, aquí y allá en la universidad. En la Iglesia vivimos algo muy maravilloso, que es saber que si yo hago aquello que Dios me pide a través de las personas que están puestas para dirigir la Iglesia, yo no me equivoco. Con la ayuda del Señor nunca he tenido conflictos de vocación. Ahora, hay muchos hermanos míos que sí han tenido, y he debido ayudarlos a salir de ese problema. Agradezco al Señor que haya sido así y le pido humildemente que me dé la fuerza para continuar de esa manera. Pero es don de Él, no mío.
RATIFICAR EL CONSENTIMIENTO
- ¿Qué piensa acerca de la aplicación práctica de la ley de matrimonio civil, según la cual el matrimonio celebrado ante una Iglesia debe ser inscrito en el Registro Civil dentro de los ocho días siguientes?
- Quedó impracticable para la gente con más medios, pero para las personas sencillas es adecuado. Entre los habitantes de La Pintana, por ejemplo, nadie se va de luna de miel el lunes siguiente a su matrimonio. Pero el hecho es que el parlamento no aceptó, y sobre todo algunos senadores, la inscripción por poder, lo cual es un contrasentido total. En Chile una persona se puede casar por poder, pero no puede inscribir por poder un matrimonio ya contraído. Tenemos que ir evolucionando, por ejemplo, ya se va a permitir la presencia del oficial del Registro Civil en la Iglesia. Porque ahora se puede contratar a un oficial del Registro Civil para que vaya a la casa a celebrar el matrimonio civil, pero no para que acuda a la Iglesia y allí los contrayentes ratifiquen vínculo religioso.
- ¿Entonces?
- En el caso de los católicos, que pensamos que el matrimonio- sacramento es la única y verdadera manera de contraer matrimonio, es un avance que se permita dar un solo consentimiento, el religioso, y que luego sólo haya que ratificar ese consentimiento. Hasta ahora éramos como unos esquizofrénicos: nos casábamos dos veces. Pero no nos olvidemos que esta ley es una ley de divorcio y eso tendrá consecuencias graves en la constitución de la familia. Entra en la mentalidad de la gente que el matrimonio no es para siempre. Para un católico, la única manera de estar casado es el sacramento. La Iglesia y el Obispo pueden autorizar que una persona se case solamente por la Iglesia. Esta ley permite que esa persona que cree en su matrimonio religioso, lo inscriba y tenga plena validez, y ese es un tremendo logro.
- Usted dio una batalla importante contra esta nueva ley sobre matrimonio.
- Más que importante, yo fui encargado por el Cardenal, antes de ser obispo, de tratar de sacar las cosas lo mejor posible.
- ¿Siente como una derrota la legislación final?
- Lo que siento es que, desgraciadamente, fue promovida y salió con el apoyo de los católicos, eso es una derrota no para la Iglesia, sino para ellos mismos, para el país y para la familia chilena. No se puede olvidar que las firmas que están ahí, son todas de senadores católicos. Sin embargo es un gran avance en cuanto al artículo 20.
- A algunos, en cambio, eso puede parecerles un retroceso.
- Hay gente que se dio cuenta, especialmente algunos senadores, que dijeron esto es un error, la Iglesia va a recuperar su derecho sobre el matrimonio que nosotros le quitamos hace un siglo atrás, en 1884. Porque nuestros abuelos y bisabuelos se casaron por la parroquia. El Estado no puede negar una realidad: para la conciencia de algunos de nosotros, el matrimonio verdadero es el matrimonio religioso. Pero la actual legislación chilena ha hecho del matrimonio una institución privada. La inmensa mayoría de nuestros ciudadanos viven unidos sin ningún vínculo, aunque la baja de los matrimonios no significa que la gente esté viviendo la virtud de la castidad o esté en celibato: están conviviendo. Incluso estamos haciendo leyes para que esa convivencia pueda tener efecto legal. Los hijos tienen los mismos derechos si son nacidos dentro del matrimonio que fuera. En el fondo el derecho de familia pasó a ser algo del ámbito privado y el sentido común dice que esa concepción es un error social grave.
-¿No está de acuerdo con la ley de filiación?
- Ahí hago una distinción muy clara en esta materia : las cosas son lo que son y no lo que las partes dicen que son. Ese es un principio jurídico. Evidentemente no es lo mismo nacer en un matrimonio legítimo, de dos papás que están casados, que nacer fuera. Pero sí estoy de acuerdo que eso no puede ser consecuencia de un perjuicio económico o social para los hijos, porque ellos no son culpables.
MANTENER EL CELIBATO
- En el último tiempo se han dado a conocer numerosos casos de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes. ¿Podría ser este hecho una indicación de que debe revisarse el celibato?
- No hay que confundirse, esos hechos indican que ha existido un defecto en la formación de los sacerdotes, pero no cabe la solución fácil de algunos, que es suprimir el celibato. Estos problemas existen exactamente iguales en los hombres casados, lo que pasa es que no se habla de eso. Los abusos y procesos de abusos de hombres casados respecto de niños, son mucho más numerosos que los de sacerdotes.
- Usted cree que hay que mantener el celibato.
- Se va a mantener, aunque sea una cosa de derecho eclesiástico, no de derecho divino, porque en la Iglesia Católica oriental los sacerdotes pueden ser hombres casados, no así los obispos. Pero es cosa de ver no más la dedicación de nuestros curas a su gente. El cura y el obispo son padres, con una paternidad que es mucho más amplia y profunda que la paternidad de la carne. Yo me dedico 100 por ciento a la gente y a Dios, si tuviera familia e hijos no podría hacerlo. Esto hay que entenderlo desde una perspectiva de amor: el cura es un hombre que ha entregado su vida a Dios, enamorado de Dios.
-¿Cómo puede aconsejar sobre la relación conyugal un sacerdote que no tiene experiencia al respecto?
- Eso se resuelve con un dicho jurídico muy clásico, que dice que quien “puede lo más, puede lo menos”. Si usted conoce el corazón humano como lo conoce un sacerdote, puede aconsejar en muchas cosas. El sacerdote conoce mejor a la mujer, que el marido a la suya. Y eso es real. El que puede conocer el corazón humano a través de la gracia que da Dios, puede aconsejar perfectamente.
- ¿Cuáles son los desafíos de modernización que hoy enfrenta la Iglesia? Por ejemplo, en relación a la mayor incorporación de la mujer.
- Nosotros no tenemos nada que modernizar en la fe de la Iglesia. Si Cristo hubiera querido que hubiera mujeres sacerdotisas, habría dejado clara indicación o en la selección de los 12 apóstoles o Él mismo lo habría dicho, y sin embargo no lo hizo. Por otra parte, en este momento hay cargos en el Vaticano que están ocupados por mujeres, personas que están en los máximos niveles, pero que no son cardenales, y en nuestras comunidades católicas las mujeres son el motor del trabajo pastoral. Además, una mujer fue la Madre de Dios, que más privilegio.
- Finalmente ¿qué opinión le merece la actuación del Colegio de Abogados?
- Creo que de los colegios profesionales es lejos el que más ha logrado en la promoción de una ética profesional, y también me parece que es el mejor organizado. Lo ha hecho muy bien, y hay que seguir por esa línea. Aunque en las profesiones liberales la idea de la colegiatura voluntaria tiene elementos interesantes, en Chile un abogado que está totalmente fuera del control ético del Colegio, está expresando que no quiere a nadie que pueda reparar sus procedimientos.
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