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Revista Nº 33
EDITORIAL
 
En la Búsqueda de un Sentido
El despertador, el colegio de los niños, el tráfico, llegar al comparendo, la prueba de testigos que comienza...¡los afanes de cada día! Anotarse y repasar el alegato esperando que se vea antes del mediodía, para alcanzar a firmar la compraventa, el pago de la tarjeta, la reunión con los clientes, los llamados que apremian y los emails que nos aguardan, el seminario sobre la Reforma a las seis ... ..y.. sin olvidar el plazo que se vence. ¡Acción!, ¡Acción!, ¡Acción!
Hay días en que pensamos que el único destino de nuestra vida profesional es sobrevivir entre la tensión y el agobio de jornadas más largas de lo que nuestra familia desearía. La agenda diaria nos sobrepasa, sin embargo al término de la jornada, sentimos con alivio que hemos superado el desafío, pero.....al instante de nuevo el vértigo.
El ser humano busca un sentido a su existencia, un por qué y un cómo. Especialmente en momentos como el actual en que la humanidad mira con tristeza la partida de un pastor tan carismático como Juan Pablo II, es preciso detenerse un instante y reflexionar sobre el significado de nuestra profesión.
Desde el dilema de Tomás Moro de escoger entre la lealtad al Rey o a su propia conciencia, pasando por el espíritu desafiante e idealista del Quijote, plasmado en el episodio de la liberación de los doce delincuentes condenados a las galeras, cuando afirma que “no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres”, continuando por el “affaire Dreyfus”, hasta alcanzar la imagen del sencillo abogado Atticus Finch en un polvoriento pueblo del sur americano en la película “Matar a un Ruiseñor”, que alega por los derechos y libertades fundamentales de un pobre hombre negro acusado de violación, se podría decir que abrazamos esta profesión y esta forma de vida por un compromiso de servicio a los demás y por la intrínseca dignidad de contribuir con nuestro esfuerzo, comprensión y confidencia, a la construcción de un mundo cada vez más justo.
Hoy en día la televisión, el cine y los best sellers, con el afán de entretener un rato a espectadores y lectores pasivos, acostumbrados a aceptar paradigmas light, presentan a los abogados como seres hostiles, embriagados por la avidez, y prefieren ignorar que una inmensa mayoría lucha contracorriente, arriesgando el pellejo por preservar los valores más esenciales del ser humano, desde Guantánamo hasta Irak.
Resulta esperanzador, en todo caso, comprobar, que hay mucho más trigo que cizaña.
Y es que esta claro que para ejercer esta profesión se requiere además de prudencia, templanza y coraje, amar al prójimo, acompañarlo en su dolor, orientarlo con nuestro consejo tanto en su razón como en su sinrazón y protegerlo ante la adversidad mostrándole madurez y autodominio.
Además de lo anterior, pero no por ello menos fundamental, el abogado requiere en su desempeño de una buena dosis de humor, que a la vez de servir como desahogo, aliviane la escena de la vida misma, para que no todo parezca una tragedia.
Hallar un sentido, una razón, darle un fin a nuestro empeño, un significado a nuestro oficio -si acaso lo hemos olvidado- y saber qué espera la comunidad de nosotros.
“No tengáis miedo” es la conmovedora sugerencia de quien se identificó como un líder en un mundo carente de liderazgo.
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