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Revista Nº 23
TEMAS
 
El Terrorismo Globalizado
Por Mario Fernández B.
Abogado
Ministro de defensa Nacional
Profesor de Derecho Público,
Universidad de Chile.

Los crueles sucesos del 11 de septiembre en Nueva York y Washington produjeron una justificada perplejidad universal. El mayor acto de terrorismo de la historia había tenido lugar ante los ojos de millones de televidentes, sin perjuicio de los muchos miles de testigos presenciales de la tragedia. Así como había ocurrido con el comercio, la cultura y las comunicaciones, ese día se globalizó el terrorismo. Las consecuencias múltiples de este dantesco hecho han influido en todos los ámbitos de la vida social y personal. La sensación de vivir en un mundo inseguro presenta desafíos de envergadura para la política, la economía, la cultura, la cotidianidad y, por cierto, para el ámbito jurídico. Durante mucho tiempo más, independientemente de las coyunturas bélicas o diplomáticas, la humanidad se ocupará de explicarse lo que ocurrió y de evitar que se repita.

Entretanto, es útil contribuir a ordenar algunas dimensiones que ya se advierten en torno a estos amenazantes procesos. En estas líneas nos ocuparemos de presentar los contornos conceptuales del terrorismo, especialmente desde la perspectiva jurídica.

El concepto de terrorismo
Como lo señala Walter Laqueur (en su libro Terrorismo), la expresión "terrorismo" apareció por primera vez en 1789 en el Dictionnaire de l´Académie Française, definida como "Sistema, régimen del terror". En los años siguientes, marcado por la violencia de la Revolución Francesa, el concepto fue precisado como "dominación del pánico" o "sistema del miedo", adquiriendo una connotación delictiva para sus ejecutores, los terroristas.

Durante el siglo XIX, la expresión terrorismo fue ampliándose según las modalidades de sus actos y sus implicancias políticas. Es curioso constatar que algunas definiciones de aquella época resultan muy aplicables a los actos terroristas de nuestros días: "Movimiento generalizado en toda Europa, a fin del siglo XIX.... que se proponía acabar con la sociedad en su organización, si no en la totalidad, mediante atentados sin víctimas premeditadas, sino actuando sobre multitudes... con frenesí agresivo y homicida, que llevó a una acción internacional conjunta contra esta guerra cuya víctima es la Humanidad en general" (Diccionario Militar, de Guillermo Cabanellas de Torres).

En la actualidad, el concepto de terrorismo básicamente se mantiene, aun admitiéndose una pluralidad de variantes surgidas tanto de sus cultores, como de las formas empleadas y de los fundamentos en cuyo nombre se verifican. En esta pluralidad reside la diversidad de valoraciones del terrorismo y la legitimidad de que goza en los grupos, etnias, partidos o naciones que a lo largo de los siglos han justificado tales manifestaciones de violencia.

El margen de la aceptación del terror como instrumento de una idea, sin embargo, se ha reducido notablemente en las últimas décadas. Tanto el avance del Derecho Internacional y del Derecho Humanitario, como la consolidación del ideal democrático en regímenes políticos concretos, han puesto a la violencia política en una esquina jurídicamente punible, éticamente condenable y políticamente ilegítima.

La dimensión jurídica
El Derecho proporciona definiciones amplias al terrorismo, dando cuenta de sus múltiples variantes de verificación. El Diccionario Jurídico Espasa (1991, p. 957) lo define como "sucesión de hechos violentos que tienden a la consecución de una serie de daños a las formas o a las cosas, de extrema gravedad". Por su parte, en el Oxford Dictionary of Law (3ª ed., 1996, p. 397) se lee: "The use of violence for political ends, including the use of violence for putting the public in fear".

Como se advierte, en estas definiciones genéricas no sólo se describe la acción punible, sino que se agrega el propósito de ella, ajeno al daño y a la víctima, orientado a un impacto colectivo y sicológico.

Considerando su naturaleza instrumental, el terrorismo como tal no se extingue con el acto violento, sino con el producir pánico y angustia, sin límites claros. En otros términos, la sanción a los terroristas por el acto punible, puede no remediar los efectos causados en la sociedad, susceptibles de otro tipo de tratamiento. Por ello se entiende la permanente reiteración del carácter preventivo que debe primar en el combate al terrorismo.

Así se advierte en una resolución del Consejo de la Sociedad de Naciones del año 1934: "Cada Estado debe hacer todo lo que esté en su poder para prevenir y reprimir actos de esa naturaleza y debe a ese propósito prestar su asistencia a los gobiernos que lo requieran" (Terrorismo. Política y Derecho, de Diego López Garrido).

A pesar de la persistencia de los componentes definitorios del terrorismo y de la abundante literatura en la doctrina (Introducción al Derecho Internacional, de Otto Kimminich y Stephan Hobe), no se ha alcanzado una tipificación jurídicamente vinculante en el Derecho Internacional, aun cuando se ha avanzado mucho en las responsabilidades de los Estados y las consecuentes sanciones internacionales por la comisión de hechos de tal naturaleza. Con todo, a raíz de los actos del 11 de septiembre, el Consejo de Seguridad de la O.N.U., en su resolución 1.373, aprobada el 28 de septiembre de este año, precisó una serie de afirmaciones con vastas implicancias jurídicas sobre los actos terroristas. Lo mismo debe señalarse respecto de las resoluciones adoptadas por la reunión de expertos jurídicos del Grupo de Río, celebrada en Santiago el reciente 6 de noviembre.

En nuestro ordenamiento jurídico, por su parte, los constituyentes de 1980 optaron por calificar la naturaleza del terrorismo ("... por esencia contrario a los derechos humanos"), entregando su tipificación a la ley, dictada en 1984 con carácter de quórum calificado (Nº 18.314), modificada en tres oportunidades entre 1990 y 1992.

Como lo señala Alejandro Silva Bascuñán en su libro Tratado de Derecho Constitucional, la jurisprudencia de la Corte Suprema contribuyó a precisar tanto el contenido del acto terrorista, como su carácter de delito común y no político. Respecto del contenido, el alto tribunal incorporó la antigua tradición del efecto social del terrorismo, que hemos descrito en este artículo, como componente del acto punible: "Conductas y actos graves que lesionan indiscriminadamente bienes jurídicos importantes, -como la vida, la integridad física, bienes materiales, sustracción de personas, etc. - con el objeto de causar temor o terror en la población, para sojuzgarla y llevar a cabo los planes o propósitos de los terroristas y de su organización" (fallo de 26 de enero de 1988, RDJ, t. 85, secc, 5ª, pág. 15)
Implicancias y conclusiones

El terrorismo globalizado desatado por los atentados del 11 de septiembre, reactualiza antiguas amenazas de la Humanidad, pero con alcances sin precedentes.

La naturaleza del terrorismo no ha cambiado en su esencia, pero sí en sus manifestaciones, en sus medios y en su difusión. Considerando que el propósito del terrorista es causar pánico e inseguridad, la tragedia de Nueva York y Washington, lo acercan a sus fines. La mezcla de aviones contra edificios y la televisión por cable, aumentaron exponencialmente el acto terrorista y sus efectos. Brutalmente expresado, en los hechos del 11 de septiembre el terrorista se acerca a la perfección en el logro de sus propósitos.

Esta cruda descripción del desafío exige una respuesta de similar envergadura, aunque de diferente naturaleza.
La respuesta de la comunidad internacional debe ser civilizada. No puede ser la violencia bruta, pues eso es lo que el terrorista quisiera, sino la fuerza que proviene de la aplicación de justicia en toda su envergadura nacional e internacional. Justicia basada en el Derecho, justicia aplicada con la razón, justicia sancionadora apoyada en la ley legítima y soberana. En términos generales, el mundo ha reaccionado en esta dirección, incluyendo a sus directos afectados. En este esfuerzo, Chile ha seguido su tradicional camino de miembro activo y solidario de la comunidad internacional, con liderazgo regional y con sentido de responsabilidad con nuestros propios intereses. Nuestra contribución ha sido seria y resuelta, como quedó de manifiesto en la intervención del Presidente Lagos en la Asamblea General de la O.N.U.

El terrorismo, esa antigua lacra de la Humanidad, no vencerá. Especialmente en esta época como la que vivimos, marcada por tantos ejemplos de vigencia del Derecho y de las mejores virtudes de las personas y de los pueblos. (Este texto, con sus citas a pie de página, se encuentra a disposición de los interesados en la Biblioteca del Colegio de Abogados).
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