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Revista Nº 21
ENTREVISTA
 
Walter Riesco Salvo, abogado y ex presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio :
" El ejercicio de la profesión de abogado es la vocación que yo tengo, y debo desarrollarla"

Más conocido en los últimos años en el mundo empresarial como presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio, cargo que dejó el año pasado luego de ejercerlo por dos períodos consecutivos, Walter Riesco (casado, 5 hijos, tres de ellos abogados) siempre ha estado ligado a la minería, siendo su mayor vocación la abogacía. Pero sus pasiones no terminan ahí. Entre otras cosas, recientemente realizó importantes inversiones en el área agrícola, en almendras y viñas, y disfruta de las colecciones de pintura.

Estudió Derecho en la Universidad Católica, ingresando inmediatamente al mundo minero cuando entró a trabajar a la empresa de Mauricio Hochschild, empresario de estaño en Bolivia, que luego instaló la empresa minera en Chile (la cual posteriormente daría vida a Mantos Blancos). Pero "yo entendía mucho en el tema de contratos y estudio de propiedades mineras y, cuando se creó la Empresa Nacional de Minería, en 1960, durante el gobierno de Alessandri, me pidieron que me fuera a la fiscalía de esta empresa", indica Walter Riesco. Estuvo quince años en Enami, llegando a ser su gerente general, en 1975.

Posteriormente, pasó a Disputada de las Condes, que se estaba privatizando, donde estuvo tres años hasta que la empresa se vendió a Exxon. Luego, siguió en el ejercicio liberal de la profesión, asesorando a varias empresas, entre ellas, la Compañía Minera El Bronce, de la familia Callejas, la que comenzó en los años '30, después de la minería del salitre, con la minería del oro en Freirina. "Me tocó reformular la compañía desde el punto de vista jurídico, en lo relativo a la propiedad minera y creando nuevas sociedades. Había diferencias en la familia respecto a cómo había que enfrentar los negocios. Esto fue en 1978", señala Riesco.

En el intertanto, le correspondió trabajar en la Primera Comisión Legislativa, principalmente en temas tributarios, laborales y mineros. Durante toda la década de los 80' ejercía libremente la profesión, lo que hace hasta ahora. "El paréntesis lo hice cuando fui presidente de la Confederación, lo que tomaba el 100% de mi tiempo", indica.

En 1989 entró a la actividad gremial, llegando primero a ser vicepresidente de la Sociedad Nacional de Minería y luego presidente de la misma. Posteriormente, en 1996 fue elegido presidente de la Confederación.

¿ Echa de menos a la Confederación de la Producción y del Comercio?
-Por un lado sí. Uno tiene a su cargo problemas bien interesantes. Pero, por otro lado, el cargo es tan absorbente, tan desgastador... Ahora estoy muy tranquilo, relajado.

En la actividad minera, propiamente tal, junto a varios amigos tenemos minas de mediana y pequeña envergadura. El negocio más importante fue una firma que se llamaba Refimet, que construyó hornos de limpieza de concentrados y finalmente una fundición en la zona de Antofagasta. Esta fundición se vendió el año pasado a inversionistas canadienses, la empresa Noranda. Siempre estuve ligado no sólo por la profesión al tema minero, sino también como empresario. Ahora sigo siendo director de Noranda (que tiene un proyecto para hacer una refinería de aluminio en Aisén).

En esta actividad también he sido director y socio de varias compañías mineras.

Luego de dejar la presidencia de la Confederación, ¿cuáles son sus planes personales?

- Retomar la profesión, que es lo que realmente a mí me apasiona. El ejercicio de la profesión es la vocación que yo tengo y debo desarrollarla. Fui abogado integrante de la Corte Suprema durante tres años. Conocí la Justicia por dentro, y realmente es una función que me apasiona mucho.

La Reacción Interna del Poder Judicial
¿Qué opina del Poder Judicial, ahora que lo mira desde afuera y habiéndolo conocido desde adentro?
- Me tocó una época en que el Poder Judicial venía en caída libre, pero todavía no había signos visibles de una crisis interna. Por los casos que observaba dentro del Poder Judicial uno se daba cuenta de que estaba próxima la crisis. Veía que la calidad de los jueces era cada día menor, y el interés de los abogados por ingresar al Poder Judicial también decaía. Esto era a comienzos de la década de los '90. Uno advirtió cómo en muchos casos la politización del Poder Judicial fue un elemento que conspiró en contra de su prestigio, lo cual no solo pasó en Chile, sino también en otros países, como España.

Aprecio ahora que hay una reacción interna del Poder Judicial, lo que es muy positivo; no está siendo intervenido desde afuera. Creo que eso está dando una nueva imagen del Poder ante la opinión pública y ante quienes ejercemos la abogacía. Existe una visión de mayor transparencia, de mayor preocupación por que los jueces realmente calificados puedan asumir y seguir una carrera dentro del Poder Judicial

El mismo Poder Judicial tiene que insistir mucho en que no haya el menor asomo de politización, especialmente en los nombramientos. Es un cáncer que puede liquidarlo.

Lo que es el tema ético, creo que lo están trabajando bien. Se han dado muestras de que la ética en el Poder Judicial es un elemento que pesa muy fuertemente en la carrera de la judicatura y en la permanencia del juez. Eso es fundamental.
¿ Cómo ve la eficiencia del Poder Judicial?

- En eso falta mucho por hacer. El Poder Judicial tiene que asumir metodologías modernas para tener una mayor eficiencia, mayor productividad de los funcionarios judiciales. Pero se han hecho avances a través de métodos computacionales y otros.
En este sentido, la Academia Judicial ha aportado mucho, ¿no?

- Sí, no hay duda que la Academia Judicial es una base muy importante para toda esta modernización del Poder Judicial,
Colegiatura: será necesario volver a un punto medio

¿ Le gusta la actividad docente?

- Sí, el tema académico me apasiona. Hice dos cátedras en la Universidad Católica: una ayudantía de Derecho Minero y la cátedra de Derecho Procesal Civil, en la década del '60. También hice Derecho de Minería en la Universidad Gabriela Mistral, de la que soy profesor todavía por un permiso que pedí mientras estuviera en la Confederación. La parte académica me gusta mucho, significa estar muy al día.

Además, soy presidente de Inacap, que tiene nada menos que 49.000 alumnos. Hemos sacado como conclusión que el sistema de clase-conferencia desinteresa absolutamente al alumno de las materias. Estamos en pleno cambio, llevando el estudio al método inductivo, es decir, que el alumno, a través de la investigación y guiado por el profesor, vaya descubriendo determinadas cosas y aplicándolas materialmente. Eso lo hace aprender con más facilidad e interesarse más.

Esto es muy difícil en el estudio del Derecho, ya que es muy conceptual. Pero yo lo ensayé en la cátedra de Derecho de Minería, en la Gabriela Mistral. A través de inducir de la experiencia, los alumnos llegaban a conclusiones. En Derecho Civil, por ejemplo, es difícil, pero yo creo que hay que buscar una innovación. No nos podemos quedar en la clase-conferencia.
¿ Qué opina del hecho que se reciben del orden de 1.000 abogados cada año en Chile?

- Produce aprensiones en cuanto a que un profesional universitario es una persona que ofrece servicios al público en general y por el hecho de ser universitario, muchas veces el que requiere un servicio de un profesional tiene confianza en que es idóneo y competente. Hoy, con la proliferación de escuelas universitarias, ya no hay una garantía de que esa persona vaya a prestar un servicio de calidad.

Creo que esto ha pasado también en otros países. En EE.UU. también hay una cantidad enorme de universidades que imparten títulos y el desempeño de los profesionales que emergen de cada una de ellas va dando el prestigio a la entidad que da el título. El público prefiere a aquellos alumnos que son profesionales de universidades que buscan la excelencia del alumno y del profesional que entregan a la comunidad. Las universidades que no entregan esta calidad serán dejadas aparte por el público. El usuario va haciendo una selección.

Probablemente lo mismo va a ocurrir en Chile. Es bien difícil prohibir o establecer cupos máximos de profesionales que se reciban. Pero la calidad de los servicios va a ir dando preferencia a determinados planteles universitarios.

Mirado desde el punto de vista de la ética, ¿qué opina usted de la ausencia de la obligación de colegiarse, que entrega la tuición de la ética solamente a los tribunales y libera del control ético a los que no se colegian?

- Creo que esto ha sido como un péndulo. Hubo una época en que había obligación de afiliarse a los colegios profesionales; resguardaban, unos en mayor medida y otros en menor medida, la ética de sus afiliados. Se fue al otro extremo al hacer voluntaria la afiliación. Va a ser necesario volver a un punto medio, en el sentido de que el profesional habilitado para ejercer tenga que estar afiliado a un colegio profesional. No podemos monopolizar la afiliación a un determinado colegio. Podrá haber distintos colegios para una profesión, más de uno, pero en todo caso ese colegio debe tener dentro de sus funciones velar por la ética de sus afiliados. Es la única manera de dar mayor garantía al usuario o a quien recibe el servicio. Que los tribunales tengan que participar en cierta medida, lógicamente lo pueden hacer; siempre existió esa posibilidad, pero es muy remota.
Se está produciendo, no solamente en Chile, sino en todo el mundo, una corriente importante tendiente a buscar fórmulas que tengan por objetivo mantener dentro de ciertos canales éticos a las personas que ejercen un oficio o profesión. Está ocurriendo en el empresariado también. Es una especie de autorregulación que se está encargando a los gremios que agrupan a este tipo de actividades.

Es muy claro el tema en las entidades financieras. Ellas tienen su código de ética y se entrega a su entidad gremial, que es la Asociación de Bancos, la tuición sobre el comportamiento ético de sus afiliados. Si esto está ocurriendo en sectores que no son compuestos por profesionales liberales, con mayor razón debe hacerse con un profesional al cual el cliente muchas veces entrega su salud, su vida, sus bienes, su tranquilidad, su honor.

Estas son corrientes que se están dando el mundo en forma muy potente. En la Confederación de la Producción y del Comercio ya está redactado una especie de código de ética. Es un tema que los abogados tienen que retomar.

Las normas tributariasy laborales
Cómo abogado, ¿cuál es su visión de las proyectadas reformas tributaria y laboral?

- En derecho, lo fundamental es que las normas legales estén adecuadas al momento que viven las sociedades, o sea no debe haber normas que se aparten absolutamente de la realidad del momento, de los negocios, de la situación de las personas mismas. Y en eso, el derecho es dinámico, tiene que irse adecuando a las nuevas situaciones que van surgiendo. Así como fue necesario hacer una reforma en el ámbito procesal penal, porque realmente hizo crisis el sistema existente en el país, lo mismo ocurre con otras normas legales.

En el caso del derecho laboral, la norma debe regular en la forma más adecuada la situación laboral que está viviendo el país, tiene que percatarse de los grandes cambios que hay en el mundo en materia de prestación de servicios de un trabajador a un empresario. Hoy día prácticamente no existen economías cerradas; eso quiere decir que lo que produce un país necesariamente puede derivar hacia otro país y lo que otro país produce puede derivar al nuestro. La exigencia que pone el consumidor, tanto nacional como extranjero, es cada vez mayor respecto a la calidad y al precio.

En el derecho laboral había normas rígidas, anticuadas, que eran acordes con un sistema de economías cerradas, sin competencia o con fijación de precios, y sencillamente los mayores recargos que se produjeran en el costo laboral o el costo que representa la inflexibilidad, eran trasladados al consumidor. Hoy, eso no ocurre; es el consumidor el que manda, es el consumidor extranjero el que pide o no nuestros productos de exportación y eso repercute en un país donde muchos de los artículos que produce no es capaz de consumirlos internamente, y es necesario contar con un mercado externo que pueda consumirlos. Entonces estamos, más que otros países, muy expuestos a lo que es la competencia con el exterior, a lo que es mayor productividad, la mayor calidad y el más bajo precio. Si las normas laborales nos llevan a que nuestros productos sean más caros, ellos no van a ser de la misma calidad, no van a poder producirse con la misma celeridad que se requiere; quiere decir que esas normas no están de acuerdo con nuestra realidad económica y, por consiguiente, es necesario ir a una revisión y modernización de ellas. Ocurre con la reforma laboral que se está tramitando en el Parlamento que, si bien es cierto en algunos aspectos hay un avance, en cuanto a darle una posibilidad tanto al trabajador como al empresario de actuar en forma más flexible para adecuarse a la situación que se está viviendo en el día, hay otras normas que adoptan un sistema inverso, en cuanto rigidizan más la relación trabajador-empleador, no dando facilidades para que haya una mayor productividad, y en consecuencia tienden a dejar al país fuera de competencia.

Por ejemplo, se dice, vamos a establecer en las reformas laborales las jornadas laborales de tiempo parcial. Eso se adecúa a lo que es la movilidad en materia laboral y a la flexibilidad que requiere la producción de un artículo en un momento determinado. Ahí hay un acuerdo entre las partes, que tiende a dar mayor elasticidad a lo que es la relación trabajador-empleador. Pero, acto seguido, la norma dice que para cambiar una jornada determinada por una parcial, se tendrá que pagar una indemnización al trabajador, por lo que significa el cambio de su contrato de trabajo. Inmediatamente hay una disposición en sentido contrario a la primera, encareciendo y haciendo imposible el pacto de jornada parcial ya que el empleador no va a tener los recursos para pagar a sus trabajadores esa compensación; por consiguiente, no va a tener interés en llegar a una jornada de tiempo parcial porque se va a encarecer su mano de obra y quedará fuera de competencia. Existen distintas jornadas, y en la minería es muy común.

Se eliminan esas jornadas, se establece una serie de limitaciones. Aparte de que va a surgir entre los empresarios e inversionistas la sensación de que ya no están actuando con las mismas reglas con que hicieron la inversión, la inflexibilidad va a encarecer los costos, va a bajar la productividad; al tener que sujetarse a sistemas que a ninguno le convienen, se van a producir problemas entre trabajadores y empleadores. Habrá una serie de problemas que irán en sentido inverso al que hoy día se requiere, que es acomodar las normas a la situación económica que se está viviendo.

Y en lo tributario, ¿cuál es su opinión?
-En lo tributario, por lo mismo que mencionaba anteriormente, la necesidad de ser lo más competitivos posible en esta economía globalizada exige que no se exporten tributos junto con los bienes que se producen, sino que se produzcan bienes a los precios más adecuados posible para llegar a los mercados. Cualquier incremento de los impuestos va contra esa norma. Reiteradamente, las autoridades han señalado que con los proyectos tributarios que están en tramitación no se ha pretendido recargar la tributación de los contribuyentes, sino evitar una evasión de impuestos. Todo lo que sea esfuerzo por bajar la evasión tributaria, bienvenido. Eso va a favorecer una competencia leal; las empresas que evaden ejercen una competencia desleal. Evitar la evasión es un buen camino.

Creo que todo el que paga tributos está en contra de la evasión. Pero no hay duda que hay normas en este proyecto que aumentan claramente la tributación de aquellos que pagan, por la vía de aumentar la base imponible. Elusión yo creo que es un término que no es conveniente, viene de eludir impuestos. Quienes tienen un incentivo tributario a través de normas expresas que le permiten tributar en cierta forma, no están eludiendo impuestos, sino ocupando normas que tenían un objetivo muy preciso; en algunos casos aumentar la inversión, en otros, incentivar la producción de bienes en ciertos sectores.
En aquellas empresas que requieren inversiones de capital muy grandes y equipos, mientras duraba el período de amortización acelerada pagaban menos tributos; pero, en algún momento, terminaba este período y debían pagar tributos en mayor cantidad. En el fondo era diferir los mayores tributos y eso era una norma que estaba establecida, que la usaban empresas muy intensivas en el uso de capital. Eso no era eludir impuestos, sino una norma para incentivar la inversión de grandes capitales en proyectos importantes. Hoy se vuelve atrás, se alteran las reglas del juego, lo que también es una mala señal para el inversionista. Creo que se está vulnerando un incentivo importante para la inversión.

Otro ejemplo: el descuento que podía hacer el empresario de la contribución de bienes raíces para establecer su renta imponible, hoy día se va a concluir, con perjuicio a ciertas actividades en las que los bienes raíces son un verdadero insumo para su giro; un caso claro es la construcción. Las empresas constructoras tienen que mantener un stock de terrenos en los cuales puedan desarrollar sus proyectos. Son normas inoportunas. Algunas claramente recargan la tributación.
Pienso que el impuesto a las personas es desmedido en el país; es muy alto y se ha formado una conciencia clara en todos los sectores. Se va a tener que revisar esas situaciones.

Al margen de todo esto, tanto lo laboral como lo tributario, en todos los países del mundo, son elementos que constituyen pilares de la actividad económica. En cualquier país en que se toque lo tributario y lo laboral de alguna forma, se produce inquietud, se hace cambiar las expectativas de los agentes económicos y, por consiguiente, éstos son temas sumamente importantes.

En la medida que esos temas perduran en el tiempo, permanece también la inquietud de los agentes económicos. Más bien perjudican el desarrollo de una economía. Estos temas deben despejarse lo antes posible, sobre todo cuando estamos buscando medidas tendientes a reactivar la economía.
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