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Revista Nº 21
ETICA
 
Reflexiones sobre
la Enseñanza de la Etica Profesional


El escritor inglés C.S. Lewis, en un apéndice de su libro "Carta del Diablo a su Sobrino", cuyo argumento gira alrededor de las instrucciones de un demonio viejo a su congénere más joven sobre las tácticas para mejor tentar a los hombres, ha agregado un brindis final efectuado por un diablo de experiencia en la cena anual de la Academia de Entrenamiento de Tentadores. En él lamenta que ya no existan grandes pecadores de la talla de un Enrique VIII o un Hitler a los cuales hincarles el diente, pecadores que sí sabían lo que hacían, debiendo contentarse en cambio con una gran abundancia de almas que no comprenden ni el motivo ni el verdadero carácter de las normas que violan y cuya conciencia apenas existe aparte del ambiente social que las rodea. Así por ejemplo, lo que sería un soborno en la profesión se convertiría en una propina o un regalo y esto llevado a la categoría de hábito y, después, de principio.

El escritor inglés y su convención diabólica nos pueden servir para reflexionar respecto de una realidad que, desgraciadamente, se estaría dando en nuestra profesión en cuanto a la ignorancia de las normas éticas que la regulan, en especial, habría que admitirlo, dentro de algunas últimas generaciones de abogados. Ha pasado a ser un tema común entre abogados, las quejas por las faltas de respeto a estas normas por parte de algunos colegas. Ello podría explicarse por la fuerte competencia existente en el sistema, acentuada por el elevado número de abogados que egresan de las 36 Escuelas de Derecho que hay en el país.

Lo anterior puede ser una causa, pero, obviamente, no es todo.

Según nos hemos podido percatar, en los programas de estudio de algunas Escuelas de Derecho simplemente no existe el curso de Etica Profesional o Deontología, como más precisamente debería llamarse. En otras, aparece como parte del ramo de Filosofía del Derecho, pero sin una mayor relevancia, como se verá más adelante.

No es nuestra intención sumergirnos en explicaciones en cuanto a si el fundamento de la ética es la mera utilidad, teoría de la que discrepamos, pero todo el mundo estará de acuerdo en que existe un mínimo ético para la convivencia social. Dentro de la ética se encuentra la Deontología, entendida como un conjunto ordenado de normas morales que regulan la actividad de una profesión. Si la ética tiene su fundamento en la distinción entre lo bueno y lo malo, la Deontología, como parte de la misma, tiene por objeto la calificación del trabajo profesional en los aspectos de bueno y malo, lo cual no es coincidente con la perfección o imperfección técnica de dicho trabajo.

La Deontología, como conjunto ordenado de normas, se inspira en principios generales que de una manera u otra van siendo recogidos en los Códigos de Etica, los que sirven para orientar la actividad profesional del abogado, indicándole lo que debe o no hacer, bajo la guía de su conciencia.

Es aquí donde reside entonces la utilidad y conveniencia de la existencia de un Código de Etica y de su estudio, ya que acerca a los abogados hacia principios por los cuales debe regirse la profesión en forma esquemática y establece claramente las normas por las cuales debe guiarse el abogado en una situación concreta y deberá ser juzgado en caso de su transgresión.
Es por ello que, a nuestro juicio, siendo indispensable para la formación de abogados la existencia de la Cátedra de Etica Profesional o Deontología, ella debe comprender, además de los principios generales de moral que le son propios, un estudio de la aplicación concreta y particular de dichos principios, para lo cual deben servir de guía las normas de un Código de Etica.
En el caso de nuestro país, el único código deontológico de la profesión de abogado es el Código de Etica del Colegio de Abogados de Chile, en vigencia para todos los profesionales.

Este Código cuenta con más de cincuenta años de vigencia y con abundante jurisprudencia del Consejo General, la que ha sido incluso recopilada con gran acierto en un libro de Fanny Pardo Valencia, editado por la Editorial Jurídica de Chile. A nuestro juicio el Código y su jurisprudencia deben ser materia de estudio en las aulas universitarias.

Decíamos anteriormente que no existe la cátedra de Etica Profesional en algunas Facultades de Derecho.

Debemos recordar que, en algunos casos, es en la cátedra de Filosofía del Derecho donde se enseñan esas materias. Sin embargo, a nuestro entender el ideal es que la Etica Profesional sea tema de un curso propio ya que, como se ha señalado, es urgente descender a situaciones concretas y de diaria ocurrencia en la vida profesional. Se deben indicar, por ejemplo, las normas existentes en materia de conflicto de intereses, secreto profesional, cobro de honorarios, trato con los jueces y la contraparte, etc.

En suma, creemos que es indispensable y urgente profundizar la enseñanza de la Etica Profesional o -como realmente debe denominarse- la Deontología de la profesión de abogado, haciendo especial hincapié en el estudio de normas concretas y aplicaciones prácticas existentes, para lo cual sirve como base el Código de Etica del Colegio de Abogados de Chile. Es necesario, en fin, recrear una verdadera cultura de respeto a normas básicas de convivencia en nuestra profesión
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