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Revista Nº 20
TEMAS
 
Algunas Reflexiones
en Torno a la Constitución, Organización
y Efectos Jurídicos de la Familia Andina
Por María Dora Martinic G.

El ideal del matrimonio monogámico e indisoluble es un valor socialmente aceptado desde muy antiguo por el pueblo andino, encontrándose atávicamente arraigado en la conciencia colectiva del mismo.

Es perfectamente posible sostener que el largo y estereotipado ritual al que me referiré más adelante, tiene por objeto establecer entre los miembros de la pareja y sus respectivas familias vínculos tan estrechos que una separación sería difícil y penosa. Por otra parte, la ruptura del vínculo matrimonial está sancionada con el repudio y el ostracismo social, particularmente respecto del hombre, a quien se califica como q'incha, esto es, inmoral.

En todas las sociedades, el matrimonio implica el reconocimiento público, a través de un ritual establecido, del hecho que un hombre y una mujer han comenzado una vida en común. En la tradición judeo-cristiana tal reconocimiento se obtiene con un rito único, en tanto que en el mundo andino el matrimonio más que un acto es un proceso, a través del cual el varón y la mujer profundizan en el conocimiento y compromiso mutuo, estableciendo un nuevo sistema familiar.

Las etapas son sucesivas y se caracterizan por un tipo propio de relaciones sociales. El paso de una etapa a otra se hace siempre por medio de un rito que simboliza la nueva situación social. Cada ritual lleva consigo derechos y obligaciones e importa la aprobación solemne de la sociedad, si es que la pareja adhiere a principios claramente definidos.
De este modo, el contrato matrimonial no se encuentra perfecto, ni los miembros de la pareja se consideran adultos responsables, hasta que toda la serie de ceremonias se ha realizado. Los rituales son largos y aburridamente repetitivos. El hecho que la sociedad los tolere denota su función positiva y la gran importancia que se atribuye al vínculo matrimonial.
A medida que la pareja progresa a través de estas etapas, la estabilidad aumenta. La separación durante la etapa inicial se considera un lamentable accidente, pero cuando se llega a la última fase, ésta lisa y llanamente ya no es posible.
Tomando como elemento empírico de referencia la constitución, organización y efectos jurídicos de la familia en la comunidad aymara de Irpa Chico, situada a 45 Km. de la ciudad de La Paz, República de Bolivia, es posible distinguir las siguientes etapas que configuran el ritual constitutivo del matrimonio: el compromiso, el servinakuy, la ceremonia religiosa por el rito católico y/o civil, la herencia, la siembra y el techado de la casa .

El servinakuy
La elección de la pareja es absolutamente libre, sin injerencia alguna de los progenitores de los futuros cónyuges. Después de un breve noviazgo, el hombre informa a sus padres que desea casarse; éstos deben concederle el permiso.
Una vez que cuenta con el asentimiento de sus padres, se dirige con ellos a la casa de los padres de la novia con el objeto de pedir su mano, obsequiándoles alcohol y coca. La aceptación de estos regalos significa que acogen la petición.
En la casa de los padres de la muchacha se celebra una comida. En ella, como manda la tradición, los padres de la novia fijan la fecha y el lugar de la boda religiosa, la que no debe celebrarse en un plazo superior a un año. Terminada la cena, los jóvenes se dirigen a la casa de los padres del novio y comienza el servinakuy.

El servinakuy, en términos generales, consiste en un período marital estable que precede al matrimonio religioso por el rito católico y que constituye un elemento fundamental para el casamiento. Esta figura tiene distintas denominaciones según las regiones. Así, en Bolivia se la denomina generalmente sirvinacu o tantanacu; entre los indígenas del Cuzco se llama nancuy o rimayucuy.

El período de duración del servinakuy es variable. Sin embargo, se estima que no puede exceder de un año, cumplido el cual pueden separarse libremente. Empero, una larga convivencia sin que precedan las ceremonias primitivas y la ceremonia religiosa, constituye un atentado contra las buenas costumbres. Es necesario tener presente que sólo un hombre que ha celebrado un matrimonio formal puede ocupar un cargo importante en la comunidad.

El servinakuy constituye una costumbre muy antigua; ya en el diccionario del Padre Bertonio del año 1500 encontramos una referencia a ella con la denominación sirvinacu y tantanacu.

Las funciones que se atribuyen al servinakuy son diversas: permite valorar la compatibilidad sexual de la pareja; permite a los padres del varón vigilar cuidadosamente la introducción de una joven a una casta desconocida; crea una nueva relación de parentesco; facilita la transición de la adolescencia a la madurez y, por último, permite reunir el dinero necesario para la celebración de la boda.

En las Ordenanzas del Perú, aparece un decreto dictado en Toledo que expresa: "Por cuanto ay costumbre entre los indios, no casarse sin previo averse conocido, tratado o conversado algún tiempo y haber hecho vida maridable entre sí como si verdaderamente lo fuese y les parece que si el marido no conoce primero a su mujer, y por el contrario después de casados no pueden tener pas, contento y amistad entre si".

El servinakuy fue severamente reprimido por las Leyes de Indias y condenado por la Iglesia. En las Constituciones Sinodales del Arzobispado de los Reyes del Perú, de 1716, se declara: "Porque el demonio ha introducido en los indios que cuando traten de casarse con alguna india se amanceben primero con ella, viviendo en ofensa de Nuestro Señor, lo cual es justo que se remedie: mandamos que los curas muy de ordinario en sus sermones exhorten y amonesten, por su abuso y grave pecado lo que hacen; y que averiguen quienes son los culpables de ello y tal averiguación se remita al vicario para que los castigue". No obstante la oposición de las autoridades españolas y de la Iglesia, el servinakuy continuó y continúa siendo una costumbre profundamente arraigada en la población indígena andina, socialmente aceptada y respetada por la comunidad. La naturaleza jurídica del servinakuy es debatida. Para algunos se trata de un matrimonio real, ancestralmente aceptado y reglado minuciosamente en cuanto a su constitución y efectos por un Derecho consuetudinario que rige desde tiempos inmemoriales en las comunidades andinas.

Sin duda, ésa fue su naturaleza jurídica antes de la Colonia. La Colonia superpuso a esta institución consuetudinaria del Incanato, la figura del matrimonio religioso, quedando relegado el servinakuy a una unión de segunda categoría; de allí que muchos cronistas prefieran referirse al servinakuy como un "matrimonio de prueba", es decir, un matrimonio previo al matrimonio religioso.

Por último, una corriente relativamente reciente sostiene que el servinakuy constituye la primera e indispensable etapa del proceso matrimonial andino. Indígoras y Marzal sostienen que "es muy díficil traducir una noción propia de una cultura a otra. Frecuentemente se ha traducido la palabra servinakuy por matrimonio de prueba y realmente lo que evoca esta traducción difiere substancialmente de lo que realmente es el servinakuy. Para la mentalidad occidental erotizada, el matrimonio de prueba significa fundamentalmente libertad sexual. Pero en realidad, el servinakuy es algo totalmente distinto y ha sido instituido como forma de defensa de la familia en culturas muy conservadoras en este terreno".

Por su parte, Van Gennep se pregunta ¿podría ser que el matrimonio a prueba de los Andes no tenga nada de prueba en él, sino que es sencillamente el primero de una serie de rituales de crisis en la vida, ninguno de los cuales tiene valor en sí, pero que tomados en conjunto contribuyen a sellar los lazos del matrimonio?

A mi juicio, compartiendo la opinión de estos autores, el servinakuy, que podría considerarse a priori como un matrimonio de prueba, no es sino un acto ritual más dentro del proceso matrimonial andino, siendo relevante e indispensable por las funciones que se le asignan.

En Bolivia, país en que la población índigena alcanza aproximadamente a un 60% del total se encuentra como en todos los pueblos andinos, ancestralmente arraigada la práctica del sirvinacu o tantanacu.

Tal es la incidencia del sirvinacu o tantanacu entre la población indígena de ese país, que el Código de la Familia de Bolivia de 1972, en su artículo 160, que lleva por epígrafe "Formas prematrimoniales indígenas y otras uniones de hecho", hace aplicable al sirvinacu o tantanacu el estatuto jurídico que regla las uniones conyugales de hecho, al establecer que "Quedan comprendidas en las anteriores - esto es, en las uniones conyugales libres o de hecho - las formas prematrimoniales indígenas como el tantanacu o sirvinacu, las uniones de hecho de los aborígenes y otras mantenidas en los centros urbanos, industriales y rurales.

Se tomarán en cuenta los usos y hábitos locales y regionales, siempre que no sean contrarios a la organización esencial de la familia que establece este Código o que no afecten de otra manera el orden público o las buenas costumbres".

En el Congreso Constituyente Democrático del Perú, en sesión celebrada el 6 de Julio de 1993, se debatió la conveniencia de reconocer efectos civiles a la figura en comento. Finalmente, sólo se acordó formular una recomendación en el sentido de ahondar en el estudio de esta materia para un tratamiento legislativo posterior.

En el período comprendido entre el compromiso y la celebración del matrimonio se buscan los padrinos. Los padres del novio sugieren tres nombres y los padres de la novia otros tres, escogiendo uno cada uno de los esposos.
El "padrino de arras

El rol de los padrinos es de suyo relevante. En efecto, sus funciones no terminan con la ceremonia religiosa y/o civil, ni con los festejos posteriores. Por el contrario, ellos actúan como confesores y consejeros de la pareja, debiendo velar por la estabilidad del matrimonio y, por ende, procurar la reconciliación de los cónyuges frente a cualquier conflicto que surja entre ellos. Están facultados no solo para amonestar a los cónyuges, sino que incluso pueden castigarlos físicamente.

De lo dicho se colige otro antecedente que confirma el valor que para el pueblo andino presenta la indisolubilidad del vínculo matrimonial: la ceremonia religiosa. El matrimonio religioso por el rito católico se celebra con una misa durante la cual se realizan ciertos actos propios de la tradición andina: el intercambio de monedas y cadenas.
El "padrino de arras" ingresa a la iglesia antes que los novios, llevando una fuente que contiene trece monedas antiguas, cadenas de plata y los dos anillos.

Al momento del intercambio de anillos, el sacerdote debe "encadenar" a los novios colocando las cadenas alrededor del cuello de éstos. Acto seguido, los esposos toman las monedas y las intercambian tres veces. Entonces el pacto queda sellado y los jóvenes están casados según la Iglesia.

En algunas comunidades aymaras -como lo indica la tradición- el esposo, antes que el sacerdote imparta la bendición, le hace entrega del dinero que ha reunido para el enlace. El sacerdote debe contarlo en voz alta ante la comunidad. Esta suma de dinero representa las arras, señal del compromiso que asume el marido de proveer al mantenimiento de su mujer y de sus hijos frente a la comunidad toda.

El hombre andino aprecia más el matrimonio religioso por el rito católico que el civil, puesto que la religiosidad se encuentra fuertemente arraigada en estos pueblos: "Es necesario estar bien con Dios". Por otra parte, la ceremonia religiosa le concede un mayor status social, puesto que implica cierto boato. En las localidades apartadas de la parroquia, el sacerdote visita el pueblo con motivo de la celebración de alguna fiesta religiosa, por ejemplo, Nuestra Señora de la Candelaria, y celebra el matrimonio de varias parejas que se encuentran conviviendo.

" Hecho para sufrir"
Como en toda ceremonia andina, se entrelazan ritos católicos y ritos paganos ancestrales. Es así como antes de efectuarse el banquete nupcial, los novios y los padrinos se arrodillan para recibir la bendición de sus respectivos padres y todos elevan oraciones a la pachamama y a los espíritus (kunturmamani y achachila) pidiendo bendiciones para la pareja. Acto seguido, los padres hacen tres veces la señal de la cruz en la frente de sus hijos. Después alzan la mano derecha para recibir tres besos. Hacen una vez más tres signos de la cruz sobre la cabeza de los recién casados; entonces los novios se arrodillan y, en señal de obediencia y gratitud, besan tres veces los pies de la persona que les dio la bendición.

Terminado este ritual, comienza el banquete nupcial. Revisten especial trascendencia las recomendaciones y advertencias que en él formulan a la pareja los respectivos padres y padrinos. Estos hacen especial hincapié en la fidelidad recíproca que deben guardarse. Advierten a los jóvenes acerca de las dificultades de la vida conyugal e insisten una y otra vez que deben soportarse mutuamente, porque el matrimonio está "hecho para sufrir".

Luego formulan sus recomendaciones los padres de los cónyuges, manifestando al marido que es su deber asumir la mantención de la mujer y de los hijos; y a la mujer, que tendrá que soportar estoicamente y en silencio los golpes que le propine el marido.

A continuación, los padres destacan frente a todos las cualidades negativas de sus hijos. De este modo, queda claramente establecido que cada uno de los esposos conocía perfectamente sus deberes y estaba consciente de los defectos e imperfecciones del otro, de modo tal que un reclamo posterior no será aceptado.

La fiesta suele durar tres días y, como en todo festejo andino, no faltan el alcohol ni la coca.

El siguiente ritual está constituído por la uñstaña, acto por el cual los recién casados manifiestan su gratitud a los padrinos, ofreciéndoles una comida en la que todos beben hasta quedar inconscientes.

Como todo ritual andino, comienza con libaciones para los espíritus y el consumo de alcohol. El consumo de alcohol se basa en el principio según el cual la confianza entre los hombres y entre éstos y los espíritus es efímera y requiere de una constante renovación. La confianza se cultiva mediante la mutua embriaguez, porque en ese estado todos están igualmente "incapacitados".

No obstante la realización de todos los actos rituales descritos, la pareja no es aún económicamente independiente. En efecto, el hombre continúa trabajando para su padre y la mujer se encuentra al servicio de su suegra. Esta es la razón de ser del ritual de la herencia, el tuti t' aqana.

Este ritual comienza con una comida en la que nuevamente los padres de los cónyuges hacen libaciones para los espíritus e invitan a beber.

Después se presenta la "herencia". Se designa una persona para que actúe como ministro de fe y efectúe un inventario de los bienes que cada esposo recibe de sus padres, con el objeto de dejar prueba preconstituida para el evento que el matrimonio se disuelva.

Se denomina "herencia" los bienes que cada esposo recibe a título de donación de parte de sus padres y que en términos generales consisten en vestidos, menaje, instrumentos de labranza y algo de dinero. De este modo, los cónyuges adquieren los medios materiales para proveer su sustento. Pero les falta la vivienda, la semilla y la tierra.

El Satt' a pi o ritual de la siembra es una ceremonia que tiene por objeto suministrar a la pareja la semilla necesaria para la primera cosecha. Los padres y padrinos son los encargados de esta ceremonia; deben proporcionar los bueyes, el arado y la semilla y enseñar a la pareja el ritual de la siembra, el que debe realizarse todos los años.

El padre del marido le cede en usufructo una parcela de tierra. La presión social exige que a la nueva pareja se le conceda tierra suficiente para mantener una familia independiente, pero la división formal de la tierra se difiere hasta después de la muerte del padre del hombre.

El utacht' api o ceremonia de "techado de la casa"
Los recién casados trabajan juntos para producir adobes y construir las paredes de la casa. Una vez terminada la construcción de los muros, el novio recolecta los materiales para hacer el techo.
La ceremonia de colocación del techo comienza con una libación para los espíritus kunturmamani, los achachilas y los espíritus mayores del lugar, a quienes se pide que bendigan la casa.

Los padrinos y los padres se encargan de suministrar los materiales y de traer los trabajadores necesarios para colocar el techo. Terminada la casa, el novio pone en lo más alto y al centro de ella una rama de palma que ha guardado desde el Domingo de Ramos.

El "techado de la casa" se celebra con una comida en la que todos comen y beben en abundancia. Una vez concluida esta ceremonia, se estima que la relación conyugal ha sido plenamente sancionada por la comunidad y los cónyuges están en condiciones de mantenerse por sí mismos, surgiendo así una nueva unidad económico-social.

Una vez que la pareja ha comenzado a tener relaciones sexuales, la mujer comienza a presionar al hombre para que contraigan matrimonio. Vive con el miedo de quedar embarazada. Si se convierte en madre soltera pierde el respeto de sus padres y será calificada como "mujer fácil". Se la sanciona con el ostracismo social durante largo tiempo y sus padres se encargan de la crianza y educación de los niños como si fueran propios. La madre pierde sus derechos hereditarios, los que pasan a sus hijos.

Si el padre del niño rehúsa casarse, suele celebrarse un contrato denominado "de bienes materiales", en virtud del cual el padre entrega ciertos bienes al hijo. La abuela materna los guarda cuidadosamente hasta que el niño crezca y se case.
El aborto es repudiado socialmente y se le atribuyen consecuencias graves: produce heladas y granizadas que destruyen la cosecha y puede incluso conducir a enfermedades que incapacitan y a veces matan a la mujer.

A modo de conclusión, es posible afirmar que la familia andina existe en función de la comunidad. En efecto, cada acto, cada rito -como se ha visto- tiene por objeto la aprobación social.

Es la comunidad la que fija las pautas de conducta socialmente aceptables; quien se aparta de ellas está condenado al ostracismo social.

Por otra parte, los pueblos andinos se rigen por un Derecho consuetudinario ancestral, formado por normas que tienen su origen en las costumbres de sus antepasados andinos y otras que crearon los españoles, pero quizá haya todavía más que es sincrético y que tiene sus raíces en ambas culturas.

Este derecho presenta valores innegables, como la constitución monogámica de la familia, la fidelidad de la mujer que asegurará la paternidad del marido, la indisolubilidad del matrimonio, el respeto al anciano, el compromiso con los parientes y la solidaridad social dentro de la comunidad.
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