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Revista Nº 20
ENTREVISTA
 
María Cristina Navajas Urbina, nueva decana de la
Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile:
" Para los alumnos de cualquier carrera son importantes la vocación, los talentos y la disciplina"
Por Juan Luis Ossa B. y
Paulina Pizarro M.

Reconociendo que no es aficionada a las entrevistas, María Cristina Navajas señala que luego de trabajar treinta años en la Facultad, el cargo de decana, que asumió hace una semana, le llegó "sin buscarlo ni proponérselo", tomando una frase de don Jorge Alessandri. Por el mismo motivo, todavía no se siente a sus anchas como decana, pero espera que en los tres años que durará su período lo logrará y recogerá una experiencia muy gratificante.

Por su misma carrera docente e inexperiencia en el ejercicio libre de la profesión, cuando llegó el momento de aceptar ser abogada integrante de la Corte de Apelaciones de Santiago, lo cual ocurrió en 1998 y continúa hasta la fecha, se resistió mucho. Y, para su propia sorpresa, le ha encantado.

¿ Cuál es su preferencia en materia jurídica?

- El Derecho Penal y algunas materias anexas, como la medicina legal, la criminología y la siquiatría forense. Inmediatamente después, el Derecho Civil. El Derecho Penal me fue gustando cada vez más, por su relación tan directa con las personas, y de ahí derivé al campo de la medicina forense, la medicina legal y la criminología. Todos estos ramos son optativos en la Facultad. Yo hago el curso de medicina legal.

Lo bonito de esta carrera es que se establecen lazos entre disciplinas que parecen dispares cuando se las mira desde afuera, pero en definitiva tienen muchos puntos de contacto.

¿ Cuáles son sus metas como nueva decana de la Facultad?
- Yo llegué a este cargo de una manera muy sorpresiva. Llevo en la Facultad treinta años, fui directora de estudios, después secretaria académica, en 1994 asumí como vicedecana subrogante y luego fui vicedecana titular. Llevaba cuatro años como tal, junto a Raúl Lecaros como decano. El comité de búsqueda de la Universidad, institución nueva entre nosotros, me nominó. Yo partí sin una meta muy clara, porque hasta hace unos meses pensaba que Raúl seguiría como decano y yo como vicedecana, por otros tres años. Hace una semana asumí y debo preparar una gran planificación estratégica, porque la Rectoría está empeñada en un plan de desarrollo a cinco años. Debemos fortalecer las áreas de publicaciones e investigaciones, que no han sido nuestro fuerte hasta ahora, si se nos compara con otras facultades de la Universidad o con facultades de Derecho de otras universidades privadas.

A estas últimas no las vemos como una amenaza, pero sí como una competencia sana y necesaria.
En este período me corresponde consolidar lo que ya hay y comenzar a fortalecer las áreas de investigaciones y publicaciones, como dije. En el vicedecanato designé a un profesor de Derecho Civil, Enrique Alcalde. Viene del mundo profesional, tiene una visión externa que yo no tengo, pero que he comenzado a adquirir ahora como abogada integrante de la Corte de Santiago.
Como dije, llegué a este cargo sin buscarlo ni proponérmelo. Muchas personas me felicitan, pero dicen que no me veo contenta. Lo que ocurre es que por ahora no lo estoy, porque recibo la Facultad en un momento en que hay muchas expectativas sobre ella, y después de un proceso de búsqueda que, como toda esta clase de procesos, es ingrato. Como yo no buscaba el cargo, no logro todavía sentirme contenta, pero espero que con el tiempo eso llegará.

Evaluación de la malla curricular
¿En qué consistió la malla curricularque implementó Raúl Lecaros y cuál es la evaluación que se puede hacerde ella ya transcurrido un tiempo?

- Cuando asumió Raúl Lecaros como decano, era claro que había que hacer algo, porque su visión de la Facultad era que no se podía enseñar peor que como se estaba haciendo aquí. Mi visión como vicedecana no era tan severa como la de él, pero coincidía en que había que revisar el currículum y tratar de mejorarlo. En esa época, tuvimos una reunión con el rector saliente, quien le dijo: "Mira Raúl, si quieres modificar los estudios de Derecho haz un terremoto, pero hazlo de inmediato y en grado 7 u 8".

Sobre esa base comenzó la reforma curricular que se inició el año 1996. Se condensó en cuatro años todo lo que es propio de un currículum rígido o semi rígido, manteniendo un primer año de ramos formativos, Derecho Político, Constitucional, Fundamentos Filosóficos e Historia del Derecho. Los ramos de textos, de códigos, se encuentran en el 2º, el 3º y el 4º años, tratando de quitar de los ramos de textos aquellas materias que no se consideraban absolutamente indispensables para ser abogado.

La idea era que en los cuatro primeros años el alumno quedara capacitado para trabajar como abogado, y que el 5º año se dejara, como en definitiva ocurrió, para la práctica de asistencia legal, atendiendo a personas de escasos recursos, y que el resto de ese 5º año quedara abierto para que los alumnos pudieran tomar ramos de otras áreas o profundizar materias muy diferentes, tales como medicina legal, bioética o relaciones internacionales, por señalar algunas.

¿ Usted introducirá alguna modificacióna la actual malla curricular?

- No me puedo quedar sorda y ciega. Yo venía percibiendo que había profesores que no estaban contentos. Este año sale la primera "hornada" de los alumnos que estudiaron con la reforma. Terminando este año, hay que abocarse a evaluar los resultados.

A lo mejor es el momento de introducir algunos ajustes, como por ejemplo, ver si realmente Derecho Penal está bien al haber sido reducido a un año y medio. Hay voces que consideran que el curso de Derecho Civil debería durar cuatro años. Voy a escuchar a otros profesores y a los alumnos también, reunir a las personas de las áreas más destacadas, y más tarde decidiré.
La asistencia de los alumnos a clases, ¿es libre?

- Sí. La asistencia libre a clases fue un logro de los alumnos. El decano anterior predicó mucho que la selección de los mejores profesores no se hacía por la vía de la evaluación de los alumnos, sino por la de la asistencia a clases. Es decir, si los alumnos no asistían a clases, era porque el profesor era malo. Es un tema que no voy a resolver yo sola; citaré al Consejo de la Facultad y se dirimirá por votación. No es un tema fácil.

Pienso que los alumnos deberían ser responsables, y asistir a clases. Creo que la mayoría de nuestros profesores tienen no sólo conocimientos, sino también la posibilidad de entregar al alumno un testimonio de vida, anécdotas, valores. No todos los estudiantes tienen padres o familias bien constituidas, y es bueno que encuentren un modelo en algún profesor. Todos los profesores deberíamos aspirar a ser propiamente "maestros". Y para los estudiantes de cualquier carrera, son importantes la vocación, los talentos y la disciplina y perseverancia.

Quizás hay que buscar un sistema que ponga un piso de asistencia mínima, y que las clases prácticas sean tan atractivas que los alumnos no las esquiven.

La vigencia de la clase magistral
¿Cómo se aborda la enseñanza de ética en la Facultad?

- Tenemos un curso de ética, que en un momento lo dictó el presidente del Colegio de Abogados, Sergio Urrejola. Hay también un curso de bioética. Casi todos los profesores, en las distintas materias, de alguna manera transmiten elementos de la ética profesional a sus alumnos. Esta es una ética más práctica, enfocada a casos concretos. Cada profesor, en su disciplina, propone un ejemplo y luego pregunta al alumno qué haría en el caso planteado.

El método de enseñanza en
esta Facultad, ¿sigue siendo la clase magistral?
- Básicamente sí, pero hemos ido cambiando. En algunas materias y con buenos profesores, la clase magistral sigue siendo importante. Pero ya se ha probado, por ejemplo, que los alumnos se motivan mucho al estudiar el recurso de protección, porque se desarrolla con una simulación y los estudiantes preparan muy bien los debates. Esta es una herramienta de docencia muy buena, que hasta ahora no hemos ocupado como deberíamos. Todavía le queda vida a la clase magistral, le queda oxígeno, porque es una tradición en esta carrera. Hay excelentes profesores de ese tipo de clases, y no se les exigirá variar el método en poco tiempo. El cambio será lento, pero va a ocurrir.

¿ Cómo se ha evaluado la práctica profesional?
- Los alumnos vienen a clases a la Facultad y atienden en diez o doce consultorios que tenemos. Hemos hecho convenios con el Hogar de Cristo, con otras fundaciones, etc.

A partir del tercer año, los alumnos suelen trabajar, pero hoy no es mucho el beneficio que sacan ya que el grueso de nuestras clases se desarrolla en la mañana y coincide con el horario de los tribunales, también en la mañana. Hicimos una proposición en cuanto al horario judicial, pero se ve que es inamovible. Es algo que perjudica muchísimo al alumno que quiere procurar, y si además hay alguna exigencia de asistencia mínima, el problema se duplica

. ¿No sería bueno que los alumnos hicieran un poco de práctica en los primeros años de la carrera?
- Inicialmente, la reforma en la Facultad fue planteada de esa manera. Es algo que no se ha evaluado y ahora es la ocasión de revisarlo.

¿ Cuál es el nivel cultural de los alumnos que ingresan a la Facultad y de los que egresan?
- Es bien mezclado. Algunas veces, incluso pueden llegar a sobrepasar al profesor. Pero la gran mayoría es común y corriente, con un léxico "especializado" que cada año es peor. La expresión de groserías, incluso frente a los profesores, ya casi no es considerada como una falta de respeto. Hay otros alumnos que no saben aplicar las reglas ortográficas o de redacción. A veces, todavía en 4º ó 5º año los alumnos cometen errores burdos.

¿ Se podría llegar a utilizar en Derecho el correo electrónico entre alumnos y profesores, y sustituir así la clase como tal?
- En Derecho, lo veo difícil. Todo en Derecho es más lento. La universidad tiene el proyecto Crisol, y hay computadores disponibles para todos los alumnos. La dirección superior se ha propuesto que todo alumno, cualquiera sea su carrera, egrese sabiendo inglés y computación.

¿Hay intención de dar cierta formación básica para ingresar a la carrera judicial?
- La motivación de los chiquillos nace en forma espontánea o inducida por algunos profesores. Uno de los mejores alumnos de la promoción del '97, Jaime Balmaceda Errázuriz, ya estaba motivado, pero Enrique Cury terminó de convencerlo.

¿Qué piensa usted de la proliferación de las universidades y escuelas de Derecho?
- Es una preocupación que todos tenemos. Si no me equivoco, hay más de cuarenta facultades de Derecho. Obviamente, esto es alarmante, más allá de la competencia que nosotros afrontamos, que proviene básicamente de la Universidad de Chile. Se están perfilando una tres o cuatro universidades privadas, la de Los Andes, la Diego Portales y otras.
Volviendo al creciente número de abogados, creo que la "cesantía ilustrada" -que parece inevitable no sólo para los abogados- puede llegar a constituir un serio problema nacional.

La experiencia de ser abogada integrante
¿Qué experiencia recoge usted como abogada integrante de la Corte de Santiago? ¿Quita mucho tiempo?
- El trabajo más exigente como abogada integrante, que consiste en redactar sentencias, lo concentro en los sábados y domingos. Hay semanas en que faltan ministros y el trabajo se hace más intenso.

Cuando me llamaron, me resistí bastante. Hasta ahora, me ha gustado mucho, salvo cuando me voy atochando con los fallos.
Ahora que está dentro del Poder Judicial, ¿cómo ve a este Poder con respecto a la Reforma Procesal Penal?
- La Reforma parte el 16 de diciembre en Coquimbo y Temuco. Pienso que va a ser un poco difícil implementarla, porque implica un cambio profundo. No sé hasta qué punto la mentalidad de los jueces está dispuesta a ese cambio. Hay pequeños roces entre los actores de la reforma. Dios quiera que salga todo bien.

Pasaron cinco años desde que se pensó la Reforma Procesal Penal hasta ahora, que se acaba de promulgar. Tendrá que resultar. Además, hasta donde yo sé, viene también la reforma al Código de Procedimiento Civil, y el Código Penal también debiera modificarse.

Como fundadora de la asociación de ex alumnos de la Facultad, ¿cuáles percibe usted como las principales inquietudes de los ex alumnos?

- No sé si, desgraciadamente, los abogados tenemos un espíritu muy individualista, pero no nos reunimos hace seis años. La asociación nunca tomó cuerpo, no logró atraer a los ex alumnos. Algo falla y es una pena.

Se dice que los abogados de la Universidad Católica son más de trabajar en instituciones o empresas, y que los de la Universidad de Chile son más de pleitos. ¿Qué hay de cierto en eso?

- Hay algo de eso: nuestros egresados asesoran más a empresas y tienen también mayores estudios de postgrado. Pero yo diría que no es para tanto, porque en la Corte veo mucha gente de la Universidad Católica litigando.
 
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