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Sobre delitos y penas por Xavier Armendáriz, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad San Sebastián
Diario La Tercera
Martes, 6 de marzo de 2012
Opinión
 
 
Se espera que pronto vea la luz la modificación a la Ley de Tránsito que endurece las sanciones aplicables a quienes conduzcan vehículos tras haber ingerido alcohol. Pese a que debo declararme un escéptico sobre el hecho de que la sola elevación de las penas disuada la comisión de delitos, esta vez estimo se trata de una iniciativa loable y necesaria.
 
Sabemos las nefastas consecuencias que suele traer aparejada la conducción en estado de ebriedad, siendo aún más lamentable la frecuencia con que recaen personas jóvenes, aunque ello se debe, me temo, a la nula conciencia que se tiene en nuestro medio sobre los peligros de mezclar la conducción de vehículos con el alcohol, más que a la suavidad de las sanciones actuales. En este sentido, lo deseable sería que la sola difusión e impacto de la nueva normativa consiga reducir esta práctica.
 
Esta situación permite replantearse qué tan acorde con la realidad actual se encuentran las penas aplicables a las diferentes conductas que se sancionan como delitos.
 
Desde luego, lo primero que salta a la vista es la profusión de leyes especiales que existen al respecto, cuya enumeración impediría seguir escribiendo esta columna. Luego se dice que nuestro Código Penal es el más antiguo que rige en el mundo, aunque ignoro si será efectivo del todo. Incluso, si no fuese así, no cabe duda que un cuerpo legal de 1874 (anterior a la Guerra del Pacífico) ya debiese tener un merecido descanso y ceder lugar a normas que permitan una adecuada protección penal a la compleja y variada realidad de nuestra vida social moderna.
 
Más grave aún resulta la comparación de normas que sancionen, con las mismas penas, conductas de desigual gravedad en cuanto a la lesión individual y social que provocan, como es el hecho de que el homicidio simple, el tráfico de drogas, el robo en lugar habitado y el incendio de edificios no habitados tengan todos asignada igual pena inicial. No parece tener el mismo significado que a una persona se le sustraiga su televisor, a que se le dé muerte.
 
Sin embargo, hay una buena solución al alcance. En diciembre de 2005 se entregó al entonces Presidente de la República el anteproyecto del nuevo Código Penal, elaborado por la Comisión Foro Penal del Ministerio de Justicia, conformado por distinguidos juristas y cuyo trabajo de redacción se extendió por más de dos años. Ojalá esta excelente iniciativa también avance por buen camino.
 
Dado que en nuestra sociedad se habla progresivamente de la responsabilidad social, sobre la base de normas y su fiscalización, en vez de enfatizar la conciencia social y los valores de cada cual, seguramente el discurso sobre "la nueva ley" será de bienvenida, y con mayor razón si ésta es represiva del delito.
 
No obstante, hay que decir que por más bondades que presenten tanto la modificación de la Ley de Tránsito como un nuevo Código Penal, no por ello disminuirán automáticamente las tasas de ilícitos cometidos, ya que éste es un fenómeno social, y como tal, sujeto a más variables que las meras normas punitivas.
 
 
 
Xavier Armendáriz
Decano de la Facultad de Derecho
Universidad San Sebastián
 
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